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PRIMER LIBRO SE SAMUEL CAPITULO 7 VERSOS 1 AL 17

PRIMER LIBRO SE SAMUEL CAPITULO 7 VERSOS 1 AL 17

7 Vinieron los de Quiriat-jearim y llevaron el arca de Jehová,
y la pusieron en casa de Abinadab, situada en el collado; y
santificaron a Eleazar su hijo para que guardase el arca de Je-
2 hová. Desde el día que llegó el arca a Quiriat-jearim pasaron
muchos días, veinte años; y toda la casa de Israel lamentaba en
3 pos de Jehová. Habló Samuel a toda la casa de Israel, diciendo:
Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad los
dioses ajenos y a Astarot de entre vosotros, y preparad vuestro
corazón a Jehová, y sólo a él servid, y os librará de la mano de
4 los filisteos. Entonces los hijos de Israel quitaron a los baales
5 y a Astarot, y sirvieron sólo a Jehová. Y Samuel dijo: Reunid
6 a todo Israel en Mizpa, y yo oraré por vosotros a Jehová. Y
se reunieron en Mizpa, y sacaron agua, y la derramaron delante
de Jehová, y ayunaron aquel día, y dijeron allí: Contra
Jehová hemos pecado. Y juzgó Samuel a los hijos de Israel en
7 Mizpa. Cuando oyeron los filisteos que los hijos de Israel estaban
reunidos en Mizpa, subieron los príncipes de los filisteos
contra Israel; y al oír esto los hijos de Israel, tuvieron temor
8 de los filisteos. Entonces dijeron los hijos de Israel a Samuel:
No ceses de clamar por nosotros a Jehová nuestro Dios, para
9 que nos guarde de la mano de los filisteos. Y Samuel tomó un
cordero de leche y lo sacrificó entero en holocausto a Jehová; y
10 clamó Samuel a Jehová por Israel, y Jehová le oyó. Y aconteció
que mientras Samuel sacrificaba el holocausto, los filisteos
llegaron para pelear con los hijos de Israel. Mas Jehová tronó
aquel día con gran estruendo sobre los filisteos, y los atemo-
11 rizó, y fueron vencidos delante de Israel. Y saliendo los hijos
de Israel de Mizpa, siguieron a los filisteos, hiriéndolos hasta
12 abajo de Bet-car. Tomó luego Samuel una piedra y la puso
entre Mizpa y Sen, y le puso por nombre Eben-ezer, diciendo:
13 Hasta aquí nos ayudó Jehová. Así fueron sometidos los filis

417 I Samuel 7. 14–8. 14
teos, y no volvieron más a entrar en el territorio de Israel; y
la mano de Jehová estuvo contra los filisteos todos los días de
Samuel. Y fueron restituidas a los hijos de Israel las ciudades 14
que los filisteos habían tomado a los israelitas, desde Ecrón
hasta Gat; e Israel libró su territorio de mano de los filisteos.
Y hubo paz entre Israel y el amorreo. Y juzgó Samuel a Israel 15
todo el tiempo que vivió. Y todos los años iba y daba vuelta 16
a Bet-el, a Gilgal y a Mizpa, y juzgaba a Israel en todos estos
lugares. Después volvía a Ramá, porque allí estaba su casa, 17
y allí juzgaba a Israel; y edificó allí un altar a Jehová.

Fuente: LA SANTA BIBLIA
ANTIGUO Y NUEVO TESTAMENTO
ANTIGUA VERSIÓN DE CASIODORO DE REINA (1569)
REVISADA POR CIPRIANO DE VALERA (1602)
OTRAS REVISIONES: 1862, 1909 Y 1960
Reina-Valera 1960
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PRIMER LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 6 VERSOS 1 AL 21

PRIMER LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 6 VERSOS 1 AL 21
6 Estuvo el arca de Jehová en la tierra de los filisteos sie-
2 te meses. Entonces los filisteos, llamando a los sacerdotes y
adivinos, preguntaron: ¿Qué haremos del arca de Jehová? Hacednos
saber de qué manera la hemos de volver a enviar a su
3 lugar. Ellos dijeron: Si enviáis el arca del Dios de Israel, no la
enviéis vacía, sino pagadle la expiación; entonces seréis sanos,
4 y conoceréis por qué no se apartó de vosotros su mano. Y
ellos dijeron: ¿Y qué será la expiación que le pagaremos? Ellos
respondieron: Conforme al número de los príncipes de los filisteos,
cinco tumores de oro, y cinco ratones de oro, porque una
misma plaga ha afligido a todos vosotros y a vuestros prínci-
5 pes. Haréis, pues, figuras de vuestros tumores, y de vuestros
ratones que destruyen la tierra, y daréis gloria al Dios de Israel;
quizá aliviará su mano de sobre vosotros y de sobre vuestros
6 dioses, y de sobre vuestra tierra. ¿Por qué endurecéis vuestro
corazón, como los egipcios y Faraón endurecieron su corazón?

415 I Samuel 6. 7–19
Después que los había tratado así, ¿no los dejaron ir, y se fueron?
Haced, pues, ahora un carro nuevo, y tomad luego dos 7
vacas que críen, a las cuales no haya sido puesto yugo, y uncid
las vacas al carro, y haced volver sus becerros de detrás
de ellas a casa. Tomaréis luego el arca de Jehová, y la pon- 8
dréis sobre el carro, y las joyas de oro que le habéis de pagar
en ofrenda por la culpa, las pondréis en una caja al lado de
ella; y la dejaréis que se vaya. Y observaréis; si sube por el 9
camino de su tierra a Bet-semes, él nos ha hecho este mal tan
grande; y si no, sabremos que no es su mano la que nos ha herido,
sino que esto ocurrió por accidente. Y aquellos hombres 10
lo hicieron así; tomando dos vacas que criaban, las uncieron
al carro, y encerraron en casa sus becerros. Luego pusieron 11
el arca de Jehová sobre el carro, y la caja con los ratones de
oro y las figuras de sus tumores. Y las vacas se encaminaron 12
por el camino de Bet-semes, y seguían camino recto, andando
y bramando, sin apartarse ni a derecha ni a izquierda; y
los príncipes de los filisteos fueron tras ellas hasta el límite de
Bet-semes. Y los de Bet-semes segaban el trigo en el valle; 13
y alzando los ojos vieron el arca, y se regocijaron cuando la
vieron. Y el carro vino al campo de Josué de Bet-semes, y 14
paró allí donde había una gran piedra; y ellos cortaron la madera
del carro, y ofrecieron las vacas en holocausto a Jehová.
Y los levitas bajaron el arca de Jehová, y la caja que estaba 15
junto a ella, en la cual estaban las joyas de oro, y las pusieron
sobre aquella gran piedra; y los hombres de Bet-semes sacrificaron
holocaustos y dedicaron sacrificios a Jehová en aquel
día. Cuando vieron esto los cinco príncipes de los filisteos, 16
volvieron a Ecrón el mismo día. Éstos fueron los tumores de 17
oro que pagaron los filisteos en expiación a Jehová: por Asdod
uno, por Gaza uno, por Ascalón uno, por Gat uno, por Ecrón
uno. Y los ratones de oro fueron conforme al número de todas 18
las ciudades de los filisteos pertenecientes a los cinco príncipes,
así las ciudades fortificadas como las aldeas sin muro. La
gran piedra sobre la cual pusieron el arca de Jehová está en
el campo de Josué de Bet-semes hasta hoy. Entonces Dios 19
hizo morir a los hombres de Bet-semes, porque habían mirado

6. 20–7. 13 I Samuel 416
dentro del arca de Jehová; hizo morir del pueblo a cincuenta
mil setenta hombres. Y lloró el pueblo, porque Jehová lo había
20 herido con tan gran mortandad. Y dijeron los de Bet-semes:
¿Quién podrá estar delante de Jehová el Dios santo? ¿A quién
21 subirá desde nosotros? Y enviaron mensajeros a los habitantes
de Quiriat-jearim, diciendo: Los filisteos han devuelto el
arca de Jehová; descended, pues, y llevadla a vosotros.

Fuente: LA SANTA BIBLIA
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ANTIGUA VERSIÓN DE CASIODORO DE REINA (1569)
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PRIMER LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 5 VERSOS 1 AL 12

PRIMER LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 5 VERSOS 1 AL 12

Cuando los filisteos capturaron el arca de Dios, la llevaron 5
desde Eben-ezer a Asdod. Y tomaron los filisteos el arca de 2
Dios, y la metieron en la casa de Dagón, y la pusieron junto
a Dagón. Y cuando al siguiente día los de Asdod se levan- 3
taron de mañana, he aquí Dagón postrado en tierra delante
del arca de Jehová; y tomaron a Dagón y lo volvieron a su
lugar. Y volviéndose a levantar de mañana el siguiente día, 4
he aquí que Dagón había caído postrado en tierra delante del
arca de Jehová; y la cabeza de Dagón y las dos palmas de sus
manos estaban cortadas sobre el umbral, habiéndole quedado
a Dagón el tronco solamente. Por esta causa los sacerdotes 5
de Dagón y todos los que entran en el templo de Dagón no

5. 6–6. 6 I Samuel 414
6 pisan el umbral de Dagón en Asdod, hasta hoy. Y se agravó
la mano de Jehová sobre los de Asdod, y los destruyó y los
7 hirió con tumores en Asdod y en todo su territorio. Y viendo
esto los de Asdod, dijeron: No quede con nosotros el arca del
Dios de Israel, porque su mano es dura sobre nosotros y sobre
8 nuestro dios Dagón. Convocaron, pues, a todos los príncipes
de los filisteos, y les dijeron: ¿Qué haremos del arca del Dios de
Israel? Y ellos respondieron: Pásese el arca del Dios de Israel
9 a Gat. Y pasaron allá el arca del Dios de Israel. Y aconteció
que cuando la habían pasado, la mano de Jehová estuvo contra
la ciudad con gran quebrantamiento, y afligió a los hombres
de aquella ciudad desde el chico hasta el grande, y se llenaron
10 de tumores. Entonces enviaron el arca de Dios a Ecrón. Y
cuando el arca de Dios vino a Ecrón, los ecronitas dieron voces,
diciendo: Han pasado a nosotros el arca del Dios de Israel
11 para matarnos a nosotros y a nuestro pueblo. Y enviaron y
reunieron a todos los príncipes de los filisteos, diciendo: Enviad
el arca del Dios de Israel, y vuélvase a su lugar, y no nos
mate a nosotros ni a nuestro pueblo; porque había consternación
de muerte en toda la ciudad, y la mano de Dios se había
12 agravado allí. Y los que no morían, eran heridos de tumores;
y el clamor de la ciudad subía al cielo.

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PRIMER LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 4 VERSOS 1 AL 22

PRIMER LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 4 VERSOS 1 AL 22

4 Y Samuel habló a todo Israel. Por aquel tiempo salió Israel
a encontrar en batalla a los filisteos, y acampó junto a
2 Eben-ezer, y los filisteos acamparon en Afec. Y los filisteos
presentaron la batalla a Israel; y trabándose el combate, Israel
fue vencido delante de los filisteos, los cuales hirieron en
3 la batalla en el campo como a cuatro mil hombres. Cuando
volvió el pueblo al campamento, los ancianos de Israel d¼eron:
¿Por qué nos ha herido hoy Jehová delante de los filisteos?
Traigamos a nosotros de Silo el arca del pacto de Jehová, para
que viniendo entre nosotros nos salve de la mano de nuestros
4 enemigos. Y envió el pueblo a Silo, y trajeron de allá el arca
del pacto de Jehová de los ejércitos, que moraba entre los querubines;
y los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, estaban allí con
5 el arca del pacto de Dios. Aconteció que cuando el arca del
pacto de Jehová llegó al campamento, todo Israel gritó con tan
6 gran júbilo que la tierra tembló. Cuando los filisteos oyeron
la voz de júbilo, dijeron: ¿Qué voz de gran júbilo es ésta en el
campamento de los hebreos? Y supieron que el arca de Jehová
7 había sido traída al campamento. Y los filisteos tuvieron miedo,
porque decían: Ha venido Dios al campamento. Y dijeron:
8 ¡Ay de nosotros! pues antes de ahora no fue así. ¡Ay de nosotros!
¿Quién nos librará de la mano de estos dioses poderosos?
Éstos son los dioses que hirieron a Egipto con toda plaga en el
9 desierto. Esforzaos, oh filisteos, y sed hombres, para que no
sirváis a los hebreos, como ellos os han servido a vosotros; sed
10 hombres, y pelead. Pelearon, pues, los filisteos, e Israel fue
vencido, y huyeron cada cual a sus tiendas; y fue hecha muy
grande mortandad, pues cayeron de Israel treinta mil hombres
11 de a pie. Y el arca de Dios fue tomada, y muertos los dos hijos
12 de Elí, Ofni y Finees. Y corriendo de la batalla un hombre de
Benjamín, llegó el mismo día a Silo, rotos sus vestidos y tierra
13 sobre su cabeza; y cuando llegó, he aquí que Elí estaba sentado
en una silla vigilando junto al camino, porque su corazón

413 I Samuel 4. 14–5. 5
estaba temblando por causa del arca de Dios. Llegado, pues,
aquel hombre a la ciudad, y dadas las nuevas, toda la ciudad
gritó. Cuando Elí oyó el estruendo de la gritería, dijo: ¿Qué 14
estruendo de alboroto es éste? Y aquel hombre vino aprisa y
dio las nuevas a Elí. Era ya Elí de edad de noventa y ocho 15
años, y sus ojos se habían oscurecido, de modo que no podía
ver. Dijo, pues, aquel hombre a Elí: Yo vengo de la batalla, 16
he escapado hoy del combate. Y Elí dijo: ¿Qué ha acontecido,
hijo mío? Y el mensajero respondió diciendo: Israel huyó 17
delante de los filisteos, y también fue hecha gran mortandad
en el pueblo; y también tus dos hijos, Ofni y Finees, fueron
muertos, y el arca de Dios ha sido tomada. Y aconteció que 18
cuando él hizo mención del arca de Dios, Elí cayó hacia atrás
de la silla al lado de la puerta, y se desnucó y murió; porque
era hombre viejo y pesado. Y había juzgado a Israel cuarenta
años. Y su nuera la mujer de Finees, que estaba encinta, cer- 19
cana al alumbramiento, oyendo el rumor que el arca de Dios
había sido tomada, y muertos su suegro y su marido, se inclinó
y dio a luz; porque le sobrevinieron sus dolores de repente. Y 20
al tiempo que moría, le decían las que estaban junto a ella:
No tengas temor, porque has dado a luz un h¼o. Mas ella no
respondió, ni se dio por entendida. Y llamó al niño Icabod, 21
diciendo: ¡Traspasada es la gloria de Israel! por haber sido tomada
el arca de Dios, y por la muerte de su suegro y de su
marido. Dijo, pues: Traspasada es la gloria de Israel; porque 22
ha sido tomada el arca de Dios.

Fuente: LA SANTA BIBLIA
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PRIMER LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 3 VERSOS 1 AL 21

PRIMER LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 3 VERSOS 1 AL 21

411 I Samuel 3. 1–19
El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí; y 3
la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión
con frecuencia. Y aconteció un día, que estando Elí acostado 2
en su aposento, cuando sus ojos comenzaban a oscurecerse
de modo que no podía ver, Samuel estaba durmiendo en el 3
templo de Jehová, donde estaba el arca de Dios; y antes que
la lámpara de Dios fuese apagada, Jehová llamó a Samuel; y 4
él respondió: Heme aquí. Y corriendo luego a Elí, dijo: Heme 5
aquí, ¿Para qué me llamaste? Y Elí le dijo: Yo no he llamado;
vuelve y acuéstate. Y él se volvió y se acostó. Y Jehová volvió 6
a llamar otra vez a Samuel. Y levantándose Samuel, vino a
Elí y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él d¼o:
Hijo mío, yo no he llamado; vuelve y acuéstate. Y Samuel no 7
había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había
sido revelada. Jehová, pues, llamó la tercera vez a Samuel. 8
Y él se levantó y vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué
me has llamado? Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al
joven. Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, 9
dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel,
y se acostó en su lugar. Y vino Jehová y se paró, y llamó 10
como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo:
Habla, porque tu siervo oye. Y Jehová dijo a Samuel: He aquí 11
haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán
ambos oídos. Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas 12
que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin.
Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la 13
iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios,
y él no los ha estorbado. Por tanto, yo he jurado a la casa de 14
Elí que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás,
ni con sacrificios ni con ofrendas. Y Samuel estuvo acostado 15
hasta la mañana, y abrió las puertas de la casa de Jehová.
Y Samuel temía descubrir la visión a Elí. Llamando, pues, 16
Elí a Samuel, le dijo: Hijo mío, Samuel. Y él respondió: Heme
aquí. Y Elí dijo: ¿Qué es la palabra que te habló? Te ruego 17
que no me la encubras; así te haga Dios y aun te añada, si me
encubrieres palabra de todo lo que habló contigo. Y Samuel se 18
lo manifestó todo, sin encubrirle nada. Entonces él dijo: Jehová
es; haga lo que bien le pareciere. Y Samuel creció, y Jehová 19

3. 20–4. 13 I Samuel 412
estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras.
20 Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel
21 era fiel profeta de Jehová. Y Jehová volvió a aparecer en Silo;
porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo por la palabra de
Jehová.

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PRIMER LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 2 VERSOS 1 AL 36

PRIMER LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 2 VERSOS 1 AL 36

2 Y Ana oró y dijo: Mi corazón se regocija en Jehová, Mi poder
se exalta en Jehová; Mi boca se ensanchó sobre mis enemi-
2 gos, Por cuanto me alegré en tu salvación. No hay santo como
Jehová; Porque no hay ninguno fuera de ti, Y no hay refugio
3 como el Dios nuestro. No multipliquéis palabras de grandeza
y altanería; Cesen las palabras arrogantes de vuestra boca;
Porque el Dios de todo saber es Jehová, Y a él toca el pesar las
4 acciones. Los arcos de los fuertes fueron quebrados, Y los dé-
5 biles se ciñeron de poder. Los saciados se alquilaron por pan,
Y los hambrientos dejaron de tener hambre; Hasta la estéril

409 I Samuel 2. 6–22
ha dado a luz siete, Y la que tenía muchos hijos languidece.
Jehová mata, y él da vida; Él hace descender al Seol, y hace 6
subir. Jehová empobrece, y él enriquece; Abate, y enaltece. 7
Él levanta del polvo al pobre, Y del muladar exalta al menes- 8
teroso, Para hacerle sentarse con príncipes y heredar un sitio
de honor. Porque de Jehová son las columnas de la tierra, Y él
afirmó sobre ellas el mundo. El guarda los pies de sus santos, 9
Mas los impíos perecen en tinieblas; Porque nadie será fuerte
por su propia fuerza. Delante de Jehová serán quebrantados 10
sus adversarios, Y sobre ellos tronará desde los cielos; Jehová
juzgará los confines de la tierra, Dará poder a su Rey, Y exaltará
el poderío de su Ungido. Y Elcana se volvió a su casa en 11
Ramá; y el niño ministraba a Jehová delante del sacerdote Elí.
Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento 12
de Jehová. Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo, 13
que cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote
mientras se cocía la carne, trayendo en su mano un garfio
de tres dientes, y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero 14
o en la marmita; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo
tomaba para sí. De esta manera hacían con todo israelita que
venía a Silo. Asimismo, antes de quemar la grosura, venía el 15
criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que
asar para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida,
sino cruda. Y si el hombre le respondía: Quemen la grosura 16
primero, y después toma tanto como quieras; él respondía: No,
sino dámela ahora mismo; de otra manera yo la tomaré por la
fuerza. Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de 17
los jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas
de Jehová. Y el joven Samuel ministraba en la presencia de 18
Jehová, vestido de un efod de lino. Y le hacía su madre una 19
túnica pequeña y se la traía cada año, cuando subía con su
marido para ofrecer el sacrificio acostumbrado. Y Elí bendijo 20
a Elcana y a su mujer, diciendo: Jehová te dé hijos de esta mujer
en lugar del que pidió a Jehová. Y se volvieron a su casa.
Y visitó Jehová a Ana, y ella concibió, y dio a luz tres hijos 21
y dos hijas. Y el joven Samuel crecía delante de Jehová. Pero 22
Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con

2. 23–36 I Samuel 410
todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la
23 puerta del tabernáculo de reunión. Y les d¼o: ¿Por qué hacéis
cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros
24 malos procederes. No, hijos míos, porque no es buena fama
25 la que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová. Si pecare
el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si
alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Pero ellos
no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto
26 hacerlos morir. Y el joven Samuel iba creciendo, y era acepto
27 delante de Dios y delante de los hombres. Y vino un varón de
Dios a Elí, y le dijo: Así ha dicho Jehová: ¿No me manifesté
yo claramente a la casa de tu padre, cuando estaban en Egip-
28 to en casa de Faraón? Y yo le escogí por mi sacerdote entre
todas las tribus de Israel, para que ofreciese sobre mi altar, y
quemase incienso, y llevase efod delante de mí; y di a la casa
29 de tu padre todas las ofrendas de los hijos de Israel. ¿Por qué
habéis hollado mis sacrificios y mis ofrendas, que yo mandé
ofrecer en el tabernáculo; y has honrado a tus hijos más que
a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de
30 mi pueblo Israel? Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo
había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante
de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo
tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que
31 me desprecian serán tenidos en poco. He aquí, vienen días en
que cortaré tu brazo y el brazo de la casa de tu padre, de mo-
32 do que no haya anciano en tu casa. Verás tu casa humillada,
mientras Dios colma de bienes a Israel; y en ningún tiempo
33 habrá anciano en tu casa. El varón de los tuyos que yo no
corte de mi altar, será para consumir tus ojos y llenar tu alma
de dolor; y todos los nacidos en tu casa morirán en la edad
34 viril. Y te será por señal esto que acontecerá a tus dos hijos,
35 Ofni y Finees: ambos morirán en un día. Y yo me suscitaré
un sacerdote fiel, que haga conforme a mi corazón y a mi alma;
y yo le edificaré casa firme, y andará delante de mi ungido
36 todos los días. Y el que hubiere quedado en tu casa vendrá a
postrarse delante de él por una moneda de plata y un bocado
de pan, diciéndole: Te ruego que me agregues a alguno de los
ministerios, para que pueda comer un bocado de pan.


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PRIMER LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 1 VERSOS 1 AL 28

PRIMER LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 1
VERSOS 1 AL 28
primer libro de
samuel
Hubo un varón de Ramataim de Zofim, del monte de 1
Efraín, que se llamaba Elcana ho de Jeroham, hijo
de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zuf, efrateo. Y tenía 2
él dos mujeres; el nombre de una era Ana, y el de la
otra, Penina. Y Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía. Y 3
todos los años aquel varón subía de su ciudad para adorar y
para ofrecer sacrificios a Jehová de los ejércitos en Silo, donde
estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes de Jehová.
Y cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, da- 4
ba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas,
a cada uno su parte. Pero a Ana daba una parte escogida; 5
porque amaba a Ana, aunque Jehová no le había concedido
tener hijos. Y su rival la irritaba, enojándola y entristecién- 6
dola, porque Jehová no le había concedido tener hijos. Así 7
hacía cada año; cuando subía a la casa de Jehová, la irritaba
así; por lo cual Ana lloraba, y no comía. Y Elcana su marido 8
le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por qué
está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?
Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; 9
y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto
a un pilar del templo de Jehová, ella con amargura de alma 10
oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: 11
Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de
tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva,
sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a
Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su
cabeza. Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí 12
estaba observando la boca de ella. Pero Ana hablaba en su 13
corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía;
y Elí la tuvo por ebria. Entonces le dijo Elí: ¿Hasta cuándo 14
estarás ebria? Digiere tu vino. Y Ana le respondió diciendo: 15
No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he

1. 16–2. 5 I Samuel 408
bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante
de Jehová. 16 No tengas a tu sierva por una mujer impía; porque
por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado
17 hasta ahora. Elí respondió y dijo: Ve en paz, y el Dios de Is18
rael te otorgue la petición que le has hecho. Y ella dijo: Halle
tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se fue la mujer por su
19 camino, y comió, y no estuvo más triste. Y levantándose de
mañana, adoraron delante de Jehová, y volvieron y fueron a
su casa en Ramá. Y Elcana se llegó a Ana su mujer, y Jehová
20 se acordó de ella. Aconteció que al cumplirse el tiempo, después
de haber concebido Ana, dio a luz un hijo, y le puso por
21 nombre Samuel, diciendo: Por cuanto lo pedí a Jehová. Después
subió el varón Elcana con toda su familia, para ofrecer
22 a Jehová el sacrificio acostumbrado y su voto. Pero Ana no
subió, sino dijo a su marido: Yo no subiré hasta que el niño
sea destetado, para que lo lleve y sea presentado delante de
23 Jehová, y se quede allá para siempre. Y Elcana su marido le
respondió: Haz lo que bien te parezca; quédate hasta que lo
destetes; solamente que cumpla Jehová su palabra. Y se quedó
24 la mujer, y crió a su hijo hasta que lo destetó. Después que lo
hubo destetado, lo llevó consigo, con tres becerros, un efa de
harina, y una vasija de vino, y lo trajo a la casa de Jehová en
25 Silo; y el niño era pequeño. Y matando el becerro, trajeron
26 el niño a Elí. Y ella dijo: ¡Oh, señor mío! Vive tu alma, señor
mío, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti orando a
27 Jehová. Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí.
28 Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva,
será de Jehová. Y adoró allí a Jehová.

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RUT CAPITULO 4 VERSOS 1 AL 22

RUT CAPITULO 4 VERSOS 1 AL 22
405 Rut 4. 1–14
Booz subió a la puerta y se sentó allí; y he aquí pasaba aquel 4
pariente de quien Booz había hablado, y le dijo: Eh, fulano,
ven acá y siéntate. Y él vino y se sentó. Entonces él tomó 2
a diez varones de los ancianos de la ciudad, y dijo: Sentaos
aquí. Y ellos se sentaron. Luego dijo al pariente: Noemí, que 3
ha vuelto del campo de Moab, vende una parte de las tierras
que tuvo nuestro hermano Elimelec. Y yo decidí hacértelo 4
saber, y decirte que la compres en presencia de los que están
aquí sentados, y de los ancianos de mi pueblo. Si tú quieres
redimir, redime; y si no quieres redimir, decláramelo para que
yo lo sepa; porque no hay otro que redima sino tú, y yo después
de ti. Y él respondió: Yo redimiré. Entonces replicó Booz: El 5
mismo día que compres las tierras de mano de Noemí, debes
tomar también a Rut la moabita, mujer del difunto, para que
restaures el nombre del muerto sobre su posesión. Y respondió 6
el pariente: No puedo redimir para mí, no sea que dañe mi
heredad. Redime tú, usando de mi derecho, porque yo no podré
redimir. Había ya desde hacía tiempo esta costumbre en Israel 7
tocante a la redención y al contrato, que para la confirmación
de cualquier negocio, el uno se quitaba el zapato y lo daba a
su compañero; y esto servía de testimonio en Israel. Entonces 8
el pariente dijo a Booz: Tómalo tú. Y se quitó el zapato. Y 9
Booz d¼o a los ancianos y a todo el pueblo: Vosotros sois
testigos hoy, de que he adquirido de mano de Noemí todo
lo que fue de Elimelec, y todo lo que fue de Quelión y de
Mahlón. Y que también tomo por mi mujer a Rut la moabita, 10
mujer de Mahlón, para restaurar el nombre del difunto sobre
su heredad, para que el nombre del muerto no se borre de entre
sus hermanos y de la puerta de su lugar. Vosotros sois testigos
hoy. Y dijeron todos los del pueblo que estaban a la puerta 11
con los ancianos: Testigos somos. Jehová haga a la mujer que
entra en tu casa como a Raquel y a Lea, las cuales edificaron la
casa de Israel; y tú seas ilustre en Efrata, y seas de renombre
en Belén. Y sea tu casa como la casa de Fares, el que Tamar 12
dio a luz a Judá, por la descendencia que de esa joven te dé
Jehová. Booz, pues, tomó a Rut, y ella fue su mujer; y se llegó 13
a ella, y Jehová le dio que concibiese y diese a luz un hijo. Y 14
las mujeres decían a Noemí: Loado sea Jehová, que hizo que no

4. 15–22 Rut 406
te faltase hoy pariente, cuyo nombre será celebrado en Israel;
15 el cual será restaurador de tu alma, y sustentará tu vejez; pues
tu nuera, que te ama, lo ha dado a luz; y ella es de más valor
16 para ti que siete hijos. Y tomando Noemí el hijo, lo puso en su
17 regazo, y fue su aya. Y le dieron nombre las vecinas, diciendo:
Le ha nacido un hijo a Noemí; y lo llamaron Obed. Éste es
18 padre de Isaí, padre de David. Éstas son las generaciones de
19 Fares: Fares engendró a Hezrón, Hezrón engendró a Ram, y
20 Ram engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Naasón, y
21 Naasón engendró a Salmón, Salmón engendró a Booz, y Booz
22 engendró a Obed, Obed engendró a Isaí, e Isaí engendró a
David.

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RUT CAPITULO 3 VERSOS 1 AL 18

RUT CAPITULO 3 VERSOS 1 AL 18

Después le dijo su suegra Noemí: Hija mía, ¿no he de buscar 3

3. 2–18 Rut 404
2 hogar para ti, para que te vaya bien? ¿No es Booz nuestro pariente,
con cuyas criadas tú has estado? He aquí que él avienta
3 esta noche la parva de las cebadas. Te lavarás, pues, y te
ungirás, y vistiéndote tus vestidos, irás a la era; mas no te
darás a conocer al varón hasta que él haya acabado de comer
4 y de beber. Y cuando él se acueste, notarás el lugar donde se
acuesta, e irás y descubrirás sus pies, y te acostarás allí; y él te
5 dirá lo que hayas de hacer. Y ella respondió: Haré todo lo que
6 tú me mandes. Descendió, pues, a la era, e hizo todo lo que
7 su suegra le había mandado. Y cuando Booz hubo comido y
bebido, y su corazón estuvo contento, se retiró a dormir a un
lado del montón. Entonces ella vino calladamente, y le descu-
8 brió los pies y se acostó. Y aconteció que a la medianoche se
estremeció aquel hombre, y se volvió; y he aquí, una mujer es-
9 taba acostada a sus pies. Entonces él dijo: ¿Quién eres? Y ella
respondió: Yo soy Rut tu sierva; extiende el borde de tu capa
10 sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano. Y él dijo:
Bendita seas tú de Jehová, hija mía; has hecho mejor tu postrera
bondad que la primera, no yendo en busca de los jóvenes,
11 sean pobres o ricos. Ahora pues, no temas, hija mía; yo haré
contigo lo que tú digas, pues toda la gente de mi pueblo sabe
12 que eres mujer virtuosa. Y ahora, aunque es cierto que yo soy
pariente cercano, con todo eso hay pariente más cercano que
13 yo. Pasa aquí la noche, y cuando sea de día, si él te redimiere,
bien, redímate; mas si él no te quisiere redimir, yo te redimiré,
14 vive Jehová. Descansa, pues, hasta la mañana. Y después que
durmió a sus pies hasta la mañana, se levantó antes que los
hombres pudieran reconocerse unos a otros; porque él dijo: No
15 se sepa que vino mujer a la era. Después le dijo: Quítate el
manto que traes sobre ti, y tenlo. Y teniéndolo ella, él midió
seis medidas de cebada, y se las puso encima; y ella se fue a la
16 ciudad. Y cuando llegó a donde estaba su suegra, ésta le dijo:
¿Qué hay, hija mía? Y le contó ella todo lo que con aquel va-
17 rón le había acontecido. Y dijo: Estas seis medidas de cebada
me dio, diciéndome: A fin de que no vayas a tu suegra con las
18 manos vacías. Entonces Noemí dijo: Espérate, hija mía, hasta
que sepas cómo se resuelve el asunto; porque aquel hombre no
descansará hasta que concluya el asunto hoy.

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RUT CAPITULO 2 VERSOS 1 AL 23

RUT CAPITULO 2 VERSOS 1 AL 23
2 Tenía Noemí un pariente de su marido, hombre rico de la
2 familia de Elimelec, el cual se llamaba Booz. Y Rut la moabita
dijo a Noemí: Te ruego que me dejes ir al campo, y recogeré
espigas en pos de aquel a cuyos ojos hallare gracia. Y ella le
3 respondió: Ve, hija mía. Fue, pues, y llegando, espigó en el
campo en pos de los segadores; y aconteció que aquella parte
del campo era de Booz, el cual era de la familia de Elimelec.
4 Y he aquí que Booz vino de Belén, y dijo a los segadores: Jehová
sea con vosotros. Y ellos respondieron: Jehová te bendiga.
5 Y Booz dijo a su criado el mayordomo de los segadores: ¿De
6 quién es esta joven? Y el criado, mayordomo de los segadores,
respondió y dijo: Es la joven moabita que volvió con Noemí
7 de los campos de Moab; y ha dicho: Te ruego que me dejes
recoger y juntar tras los segadores entre las gavillas. Entró,
pues, y está desde por la mañana hasta ahora, sin descansar
8 ni aun por un momento. Entonces Booz dijo a Rut: Oye, hija
mía, no vayas a espigar a otro campo, ni pases de aquí; y
9 aquí estarás junto a mis criadas. Mira bien el campo que sieguen,
y síguelas; porque yo he mandado a los criados que no
te molesten. Y cuando tengas sed, ve a las vasijas, y bebe del

403 Rut 2. 10–3. 1
agua que sacan los criados. Ella entonces bajando su rostro 10
se inclinó a tierra, y le dijo: ¿Por qué he hallado gracia en tus
ojos para que me reconozcas, siendo yo extranjera? Y respon- 11
diendo Booz, le dijo: He sabido todo lo que has hecho con tu
suegra después de la muerte de tu marido, y que dejando a tu
padre y a tu madre y la tierra donde naciste, has venido a un
pueblo que no conociste antes. Jehová recompense tu obra, 12
y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová Dios de
Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte. Y ella d¼o: 13
Señor mío, halle yo gracia delante de tus ojos; porque me has
consolado, y porque has hablado al corazón de tu sierva, aunque
no soy ni como una de tus criadas. Y Booz le dijo a la 14
hora de comer: Ven aquí, y come del pan, y moja tu bocado
en el vinagre. Y ella se sentó junto a los segadores, y él le dio
del potaje, y comió hasta que se sació, y le sobró. Luego se 15
levantó para espigar. Y Booz mandó a sus criados, diciendo:
Que recoja también espigas entre las gavillas, y no la avergoncéis;
y dejaréis también caer para ella algo de los manojos, 16
y lo dejaréis para que lo recoja, y no la reprendáis. Espigó, 17
pues, en el campo hasta la noche, y desgranó lo que había recogido,
y fue como un efa de cebada. Y lo tomó, y se fue a 18
la ciudad; y su suegra vio lo que había recogido. Sacó también
luego lo que le había sobrado después de haber quedado saciada,
y se lo dio. Y le dijo su suegra: ¿Dónde has espigado hoy? 19
¿y dónde has trabajado? Bendito sea el que te ha reconocido.
Y contó ella a su suegra con quién había trabajado, y dijo: El
nombre del varón con quien hoy he trabajado es Booz. Y dijo 20
Noemí a su nuera: Sea él bendito de Jehová, pues que no ha
rehusado a los vivos la benevolencia que tuvo para con los que
han muerto. Después le dijo Noemí: Nuestro pariente es aquel
varón, y uno de los que pueden redimirnos. Y Rut la moabita 21
d¼o: Además de esto me ha dicho: Júntate con mis criadas,
hasta que hayan acabado toda mi siega. Y Noemí respondió 22
a Rut su nuera: Mejor es, hija mía, que salgas con sus criadas,
y que no te encuentren en otro campo. Estuvo, pues, junto 23
con las criadas de Booz espigando, hasta que se acabó la siega
de la cebada y la del trigo; y vivía con su suegra.

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RUT CAPITULO 1 VERSOS 1 AL 22

RUT
 CAPITULO 1 VERSOS 1 AL 22
Aconteció en los días que gobernaban los jueces, que 1
hubo hambre en la tierra. Y un varón de Belén de
Judá fue a morar en los campos de Moab, él y su
mujer, y dos hijos suyos. El nombre de aquel va- 2
rón era Elimelec, y el de su mujer, Noemí; y los nombres de
sus hijos eran Mahlón y Quelión, efrateos de Belén de Judá.
Llegaron, pues, a los campos de Moab, y se quedaron allí. Y 3
murió Elimelec, marido de Noemí, y quedó ella con sus dos
hijos, los cuales tomaron para sí mujeres moabitas; el nom- 4
bre de una era Orfa, y el nombre de la otra, Rut; y habitaron
allí unos diez años. Y murieron también los dos, Mahlón y 5
Quelión, quedando así la mujer desamparada de sus dos hijos
y de su marido. Entonces se levantó con sus nueras, y regre- 6
só de los campos de Moab; porque oyó en el campo de Moab
que Jehová había visitado a su pueblo para darles pan. Salió, 7
pues, del lugar donde había estado, y con ella sus dos nueras,
y comenzaron a caminar para volverse a la tierra de Judá. Y 8
Noemí dijo a sus dos nueras: Andad, volveos cada una a la
casa de su madre; Jehová haga con vosotras misericordia, como
la habéis hecho con los muertos y conmigo. Os conceda 9
Jehová que halléis descanso, cada una en casa de su marido.
Luego las besó, y ellas alzaron su voz y lloraron, y le dijeron: 10
Ciertamente nosotras iremos contigo a tu pueblo. Y Noemí 11
respondió: Volveos, hijas mías; ¿para qué habéis de ir conmigo?
¿Tengo yo más hijos en el vientre, que puedan ser vuestros
maridos? Volveos, hijas mías, e idos; porque yo ya soy vieja 12
para tener marido. Y aunque dijese: Esperanza tengo, y esta
noche estuviese con marido, y aun diese a luz hijos, ¿habíais 13
vosotras de esperarlos hasta que fuesen grandes? ¿Habíais de
quedaros sin casar por amor a ellos? No, hijas mías; que mayor
amargura tengo yo que vosotras, pues la mano de Jehová ha
salido contra mí. Y ellas alzaron otra vez su voz y lloraron; 14
y Orfa besó a su suegra, mas Rut se quedó con ella. Y Noe- 15
mí dijo: He aquí tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a sus

1. 16–2. 9 Rut 402
16 dioses; vuélvete tú tras ella. Respondió Rut: No me ruegues
que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú
fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo
17 será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré
yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aun me
añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos.
18 Y viendo Noemí que estaba tan resuelta a ir con ella, no dijo
19 más. Anduvieron, pues, ellas dos hasta que llegaron a Belén;
y aconteció que habiendo entrado en Belén, toda la ciudad se
20 conmovió por causa de ellas, y decían: ¿No es ésta Noemí? Y
ella les respondía: No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara;
porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso.
21 Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías.
¿Por qué me llamaréis Noemí, ya que Jehová ha dado
22 testimonio contra mí, y el Todopoderoso me ha afligido? Así
volvió Noemí, y Rut la moabita su nuera con ella; volvió de los
campos de Moab, y llegaron a Belén al comienzo de la siega
de la cebada.

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JUECES CAPITULO 21 VERSOS 1 AL 25

JUECES CAPITULO 21 VERSOS 1 AL 25
Los varones de Israel habían jurado en Mizpa, diciendo: 21
Ninguno de nosotros dará su hija a los de Benjamín por mujer.
Y vino el pueblo a la casa de Dios, y se estuvieron allí 2
hasta la noche en presencia de Dios; y alzando su voz hicieron
gran llanto, y dijeron: Oh Jehová Dios de Israel, ¿por qué ha 3
sucedido esto en Israel, que falte hoy de Israel una tribu? Y al 4
día siguiente el pueblo se levantó de mañana, y edificaron allí
altar, y ofrecieron holocaustos y ofrendas de paz. Y dijeron 5
los hijos de Israel: ¿Quién de todas las tribus de Israel no subió
a la reunión delante de Jehová? Porque se había hecho gran
juramento contra el que no subiese a Jehová en Mizpa, diciendo:
Sufrirá la muerte. Y los hijos de Israel se arrepintieron 6
a causa de Benjamín su hermano, y dijeron: Cortada es hoy
de Israel una tribu. ¿Qué haremos en cuanto a mujeres para 7
los que han quedado? Nosotros hemos jurado por Jehová que
no les daremos nuestras hijas por mujeres. Y dijeron: ¿Hay 8
alguno de las tribus de Israel que no haya subido a Jehová en
Mizpa? Y hallaron que ninguno de Jabes-galaad había venido
al campamento, a la reunión. Porque fue contado el pueblo, y 9
no hubo allí varón de los moradores de Jabes-galaad. Enton- 10
ces la congregación envió allá a doce mil hombres de los más
valientes, y les mandaron, diciendo: Id y herid a filo de espada
a los moradores de Jabes-galaad, con las mujeres y niños.
Pero haréis de esta manera: mataréis a todo varón, y a toda 11
mujer que haya conocido ayuntamiento de varón. Y hallaron 12

21. 13–25 Jueces 400
de los moradores de Jabes-galaad cuatrocientas doncellas que
no habían conocido ayuntamiento de varón, y las trajeron al
13 campamento en Silo, que está en la tierra de Canaán. Toda la
congregación envió luego a hablar a los hijos de Benjamín que
14 estaban en la peña de Rimón, y los llamaron en paz. Y volvieron
entonces los de Benjamín, y les dieron por mujeres las que
habían guardado vivas de las mujeres de Jabes-galaad; mas
15 no les bastaron éstas. Y el pueblo tuvo compasión de Benjamín,
porque Jehová había abierto una brecha entre las tribus
16 de Israel. Entonces los ancianos de la congregación dijeron:
¿Qué haremos respecto de mujeres para los que han quedado?
17 Porque fueron muertas las mujeres de Benjamín. Y dijeron:
Tenga Benjamín herencia en los que han escapado, y no sea ex-
18 terminada una tribu de Israel. Pero nosotros no les podemos
dar mujeres de nuestras hijas, porque los hijos de Israel han
jurado diciendo: Maldito el que diere mujer a los benjamitas.
19 Ahora bien, dijeron, he aquí cada año hay fiesta solemne de
Jehová en Silo, que está al norte de Bet-el, y al lado oriental
del camino que sube de Bet-el a Siquem, y al sur de Lebona.
20 Y mandaron a los hijos de Benjamín, diciendo: Id, y poned
21 emboscadas en las viñas, y estad atentos; y cuando veáis salir
a las hijas de Silo a bailar en corros, salid de las viñas, y
arrebatad cada uno mujer para sí de las hijas de Silo, e idos
22 a tierra de Benjamín. Y si vinieren los padres de ellas o sus
hermanos a demandárnoslas, nosotros les diremos: Hacednos
la merced de concedérnoslas, pues que nosotros en la guerra
no tomamos mujeres para todos; además, no sois vosotros los
23 que se las disteis, para que ahora seáis culpados. Y los hijos
de Benjamín lo hicieron así; y tomaron mujeres conforme a su
número, robándolas de entre las que danzaban; y se fueron, y
volvieron a su heredad, y reedificaron las ciudades, y habita-
24 ron en ellas. Entonces los hijos de Israel se fueron también de
allí, cada uno a su tribu y a su familia, saliendo de allí cada
25 uno a su heredad. En estos días no había rey en Israel; cada
uno hacía lo que bien le parecía.

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JUECES CAPITULO 20 VERSOS 1 AL 48

JUECES CAPITULO 20 VERSOS 1 AL 48
20 Entonces salieron todos los hijos de Israel, y se reunió la
congregación como un solo hombre, desde Dan hasta Beerseba
2 y la tierra de Galaad, a Jehová en Mizpa. Y los jefes de todo
el pueblo, de todas las tribus de Israel, se hallaron presentes en
la reunión del pueblo de Dios, cuatrocientos mil hombres de a
3 pie que sacaban espada. Y los hijos de Benjamín oyeron que
los hijos de Israel habían subido a Mizpa. Y dijeron los hijos de
4 Israel: Decid cómo fue esta maldad. Entonces el varón levita,
marido de la mujer muerta, respondió y dijo: Yo llegué a Gabaa
de Benjamín con mi concubina, para pasar allí la noche.
5 Y levantándose contra mí los de Gabaa, rodearon contra mí la
casa por la noche, con idea de matarme, y a mi concubina la
6 humillaron de tal manera que murió. Entonces tomando yo
mi concubina, la corté en pedazos, y la envié por todo el territorio
de la posesión de Israel, por cuanto han hecho maldad y
7 crimen en Israel. He aquí todos vosotros sois hijos de Israel;
8 dad aquí vuestro parecer y consejo. Entonces todo el pueblo,
como un solo hombre, se levantó, y dijeron: Ninguno de nosotros
irá a su tienda, ni volverá ninguno de nosotros a su casa.
9 Mas esto es ahora lo que haremos a Gabaa: contra ella subire-
10 mos por sorteo. Tomaremos diez hombres de cada ciento por
todas las tribus de Israel, y ciento de cada mil, y mil de cada
diez mil, que lleven víveres para el pueblo, para que yendo a
Gabaa de Benjamín le hagan conforme a toda la abominación
11 que ha cometido en Israel. Y se juntaron todos los hombres
12 de Israel contra la ciudad, ligados como un solo hombre. Y
las tribus de Israel enviaron varones por toda la tribu de Benjamín,
diciendo: ¿Qué maldad es ésta que ha sido hecha entre
13 vosotros? Entregad, pues, ahora a aquellos hombres perversos
que están en Gabaa, para que los matemos, y quitemos el
mal de Israel. Mas los de Benjamín no quisieron oír la voz de
14 sus hermanos los hijos de Israel, sino que los de Benjamín se
juntaron de las ciudades en Gabaa, para salir a pelear contra
15 los hijos de Israel. Y fueron contados en aquel tiempo los hi

397 Jueces 20. 16–30
jos de Benjamín de las ciudades, veintiséis mil hombres que
sacaban espada, sin los que moraban en Gabaa, que fueron
por cuenta setecientos hombres escogidos. De toda aquella 16
gente había setecientos hombres escogidos, que eran zurdos,
todos los cuales tiraban una piedra con la honda a un cabello,
y no erraban. Y fueron contados los varones de Israel, fuera 17
de Benjamín, cuatrocientos mil hombres que sacaban espada,
todos estos hombres de guerra. Luego se levantaron los h¼os 18
de Israel, y subieron a la casa de Dios y consultaron a Dios,
diciendo: ¿Quién subirá de nosotros el primero en la guerra
contra los hijos de Benjamín? Y Jehová respondió: Judá será
el primero. Se levantaron, pues, los hijos de Israel por la ma- 19
ñana, contra Gabaa. Y salieron los hijos de Israel a combatir 20
contra Benjamín, y los varones de Israel ordenaron la batalla
contra ellos junto a Gabaa. Saliendo entonces de Gabaa los 21
hijos de Benjamín, derribaron por tierra aquel día veintidós mil
hombres de los hijos de Israel. Mas reanimándose el pueblo, 22
los varones de Israel volvieron a ordenar la batalla en el mismo
lugar donde la habían ordenado el primer día. Porque los hijos 23
de Israel subieron y lloraron delante de Jehová hasta la noche,
y consultaron a Jehová, diciendo: ¿Volveremos a pelear con los
hijos de Benjamín nuestros hermanos? Y Jehová les respondió:
Subid contra ellos. Por lo cual se acercaron los hijos de Israel 24
contra los hijos de Benjamín el segundo día. Y aquel segundo 25
día, saliendo Benjamín de Gabaa contra ellos, derribaron por
tierra otros dieciocho mil hombres de los hijos de Israel, todos
los cuales sacaban espada. Entonces subieron todos los h¼os 26
de Israel, y todo el pueblo, y vinieron a la casa de Dios; y
lloraron, y se sentaron allí en presencia de Jehová, y ayunaron
aquel día hasta la noche; y ofrecieron holocaustos y ofrendas
de paz delante de Jehová. Y los hijos de Israel preguntaron 27
a Jehová (pues el arca del pacto de Dios estaba allí en aquellos
días, y Finees hijo de Eleazar, hijo de Aarón, ministraba 28
delante de ella en aquellos días), y dijeron: ¿Volveremos aún
a salir contra los hijos de Benjamín nuestros hermanos, para
pelear, o desistiremos? Y Jehová dijo: Subid, porque mañana
yo os los entregaré. Y puso Israel emboscadas alrededor de 29
Gabaa. Subiendo entonces los hijos de Israel contra los hijos 30

20. 31–44 Jueces 398
de Benjamín el tercer día, ordenaron la batalla delante de Ga-
31 baa, como las otras veces. Y salieron los hijos de Benjamín al
encuentro del pueblo, alejándose de la ciudad; y comenzaron
a herir a algunos del pueblo, matándolos como las otras veces
por los caminos, uno de los cuales sube a Bet-el, y el otro a
Gabaa en el campo; y mataron unos treinta hombres de Israel.
32 Y los hijos de Benjamín decían: Vencidos son delante de nosotros,
como antes. Mas los hijos de Israel decían: Huiremos,
33 y los alejaremos de la ciudad hasta los caminos. Entonces se
levantaron todos los de Israel de su lugar, y se pusieron en
orden de batalla en Baal-tamar; y también las emboscadas de
34 Israel salieron de su lugar, de la pradera de Gabaa. Y vinieron
contra Gabaa diez mil hombres escogidos de todo Israel,
y la batalla arreciaba; mas ellos no sabían que ya el desastre
35 se acercaba a ellos. Y derrotó Jehová a Benjamín delante de
Israel; y mataron los hijos de Israel aquel día a veinticinco mil
cien hombres de Benjamín, todos los cuales sacaban espada.
36 Y vieron los hijos de Benjamín que eran derrotados; y los hijos
de Israel cedieron campo a Benjamín, porque estaban confiados
en las emboscadas que habían puesto detrás de Gabaa.
37 Y los hombres de las emboscadas acometieron prontamente a
Gabaa, y avanzaron e hirieron a filo de espada a toda la ciudad.
38 Y era la señal concertada entre los hombres de Israel y las emboscadas,
que hiciesen subir una gran humareda de la ciudad.
39 Luego, pues, que los de Israel retrocedieron en la batalla, los
de Benjamín comenzaron a herir y matar a la gente de Israel
como treinta hombres, y ya decían: Ciertamente ellos han
40 caído delante de nosotros, como en la primera batalla. Mas
cuando la columna de humo comenzó a subir de la ciudad, los
de Benjamín miraron hacia atrás; y he aquí que el humo de la
41 ciudad subía al cielo. Entonces se volvieron los hombres de
Israel, y los de Benjamín se llenaron de temor, porque vieron
42 que el desastre había venido sobre ellos. Volvieron, por tanto,
la espalda delante de Israel hacia el camino del desierto;
pero la batalla los alcanzó, y los que salían de las ciudades
43 los destruían en medio de ellos. Así cercaron a los de Benjamín,
y los acosaron y hollaron desde Menúha hasta enfrente
44 de Gabaa hacia donde nace el sol. Y cayeron de Benjamín

399 Jueces 20. 45–21. 12
dieciocho mil hombres, todos ellos hombres de guerra. Vol- 45
viéndose luego, huyeron hacia el desierto, a la peña de Rimón,
y de ellos fueron abatidos cinco mil hombres en los caminos;
y fueron persiguiéndolos aun hasta Gidom, y mataron de ellos
a dos mil hombres. Fueron todos los que de Benjamín mu- 46
rieron aquel día, veinticinco mil hombres que sacaban espada,
todos ellos hombres de guerra. Pero se volvieron y huyeron 47
al desierto a la peña de Rimón seiscientos hombres, los cuales
estuvieron en la peña de Rimón cuatro meses. Y los hombres 48
de Israel volvieron sobre los hijos de Benjamín, y los hirieron
a filo de espada, así a los hombres de cada ciudad como a las
bestias y todo lo que fue hallado; asimismo pusieron fuego a
todas las ciudades que hallaban.


Fuente: LA SANTA BIBLIA
ANTIGUO Y NUEVO TESTAMENTO
ANTIGUA VERSIÓN DE CASIODORO DE REINA (1569)
REVISADA POR CIPRIANO DE VALERA (1602)
OTRAS REVISIONES: 1862, 1909 Y 1960
Reina-Valera 1960
Bibles.org.uk, London.

JUECES CAPITULO 19 VERSOS 1 AL 30

JUECES CAPITULO 19 VERSOS 1 AL 30
En aquellos días, cuando no había rey en Israel, hubo un 19
levita que moraba como forastero en la parte más remota del

19. 2–16 Jueces 394
monte de Efraín, el cual había tomado para sí mujer concubina
2 de Belén de Judá. Y su concubina le fue infiel, y se fue de
él a casa de su padre, a Belén de Judá, y estuvo allá durante
3 cuatro meses. Y se levantó su marido y la siguió, para hablarle
amorosamente y hacerla volver; y llevaba consigo un criado, y
un par de asnos; y ella le hizo entrar en la casa de su padre.
4 Y viéndole el padre de la joven, salió a recibirle gozoso; y le
detuvo su suegro, el padre de la joven, y quedó en su casa tres
5 días, comiendo y bebiendo y alojándose allí. Al cuarto día,
cuando se levantaron de mañana, se levantó también el levita
para irse; y el padre de la joven dijo a su yerno: Conforta
6 tu corazón con un bocado de pan, y después os iréis. Y se
sentaron ellos dos juntos, y comieron y bebieron. Y el padre
de la joven dijo al varón: Yo te ruego que quieras pasar aquí la
7 noche, y se alegrará tu corazón. Y se levantó el varón para irse,
8 pero insistió su suegro, y volvió a pasar allí la noche. Al quinto
día, levantándose de mañana para irse, le dijo el padre de la
joven: Conforta ahora tu corazón, y aguarda hasta que decline
9 el día. Y comieron ambos juntos. Luego se levantó el varón
para irse, él y su concubina y su criado. Entonces su suegro,
el padre de la joven, le dijo: He aquí ya el día declina para
anochecer, te ruego que paséis aquí la noche; he aquí que el día
se acaba, duerme aquí, para que se alegre tu corazón; y mañana
os levantaréis temprano a vuestro camino y te irás a tu casa.
10 Mas el hombre no quiso pasar allí la noche, sino que se levantó
y se fue, y llegó hasta enfrente de Jebús, que es Jerusalén,
11 con su par de asnos ensillados, y su concubina. Y estando ya
junto a Jebús, el día había declinado mucho; y dijo el criado a
su señor: Ven ahora, y vámonos a esta ciudad de los jebuseos,
12 para que pasemos en ella la noche. Y su señor le respondió: No
iremos a ninguna ciudad de extranjeros, que no sea de los hijos
de Israel, sino que pasaremos hasta Gabaa. Y dijo a su criado:
13 Ven, sigamos hasta uno de esos lugares, para pasar la noche en
14 Gabaa o en Ramá. Pasando, pues, caminaron, y se les puso
15 el sol junto a Gabaa que era de Benjamín. Y se apartaron del
camino para entrar a pasar allí la noche en Gabaa; y entrando,
se sentaron en la plaza de la ciudad, porque no hubo quien los
16 acogiese en casa para pasar la noche. Y he aquí un hombre

395 Jueces 19. 17–29
viejo que venía de su trabajo del campo al anochecer, el cual
era del monte de Efraín, y moraba como forastero en Gabaa;
pero los moradores de aquel lugar eran hijos de Benjamín. Y 17
alzando el viejo los ojos, vio a aquel caminante en la plaza de
la ciudad, y le dijo: ¿A dónde vas, y de dónde vienes? Y él 18
respondió: Pasamos de Belén de Judá a la parte más remota
del monte de Efraín, de donde soy; y había ido a Belén de
Judá; mas ahora voy a la casa de Jehová, y no hay quien me
reciba en casa. Nosotros tenemos paja y forraje para nuestros 19
asnos, y también tenemos pan y vino para mí y para tu sierva,
y para el criado que está con tu siervo; no nos hace falta nada.
Y el hombre anciano dijo: Paz sea contigo; tu necesidad toda 20
quede solamente a mi cargo, con tal que no pases la noche en
la plaza. Y los trajo a su casa, y dio de comer a sus asnos; y se 21
lavaron los pies, y comieron y bebieron. Pero cuando estaban 22
gozosos, he aquí que los hombres de aquella ciudad, hombres
perversos, rodearon la casa, golpeando a la puerta; y hablaron
al anciano, dueño de la casa, diciendo: Saca al hombre que ha
entrado en tu casa, para que lo conozcamos. Y salió a ellos 23
el dueño de la casa y les dijo: No, hermanos míos, os ruego
que no cometáis este mal; ya que este hombre ha entrado en
mi casa, no hagáis esta maldad. He aquí mi hija virgen, y la 24
concubina de él; yo os las sacaré ahora; humilladlas y haced
con ellas como os parezca, y no hagáis a este hombre cosa tan
infame. Mas aquellos hombres no le quisieron oír; por lo que 25
tomando aquel hombre a su concubina, la sacó; y entraron
a ella, y abusaron de ella toda la noche hasta la mañana, y
la dejaron cuando apuntaba el alba. Y cuando ya amanecía, 26
vino la mujer, y cayó delante de la puerta de la casa de aquel
hombre donde su señor estaba, hasta que fue de día. Y se 27
levantó por la mañana su señor, y abrió las puertas de la casa,
y salió para seguir su camino; y he aquí la mujer su concubina
estaba tendida delante de la puerta de la casa, con las manos
sobre el umbral. Él le dijo: Levántate, y vámonos; pero ella 28
no respondió. Entonces la levantó el varón, y echándola sobre
su asno, se levantó y se fue a su lugar. Y llegando a su casa, 29
tomó un cuchillo, y echó mano de su concubina, y la partió por
sus huesos en doce partes, y la envió por todo el territorio de

19. 30–20. 15 Jueces 396
30 Israel. Y todo el que veía aquello, decía: Jamás se ha hecho
ni visto tal cosa, desde el tiempo en que los hijos de Israel
subieron de la tierra de Egipto hasta hoy. Considerad esto,
tomad consejo, y hablad.

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ANTIGUO Y NUEVO TESTAMENTO
ANTIGUA VERSIÓN DE CASIODORO DE REINA (1569)
REVISADA POR CIPRIANO DE VALERA (1602)
OTRAS REVISIONES: 1862, 1909 Y 1960
Reina-Valera 1960
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JUECES CAPITULO 18 VERSOS 1 AL 31

JUECES CAPITULO 18 VERSOS 1 AL 31

En aquellos días no había rey en Israel. Y en aquellos días 18
la tribu de Dan buscaba posesión para sí donde habitar, porque
hasta entonces no había tenido posesión entre las tribus
de Israel. Y los hijos de Dan enviaron de su tribu cinco hom- 2
bres de entre ellos, hombres valientes, de Zora y Estaol, para
que reconociesen y explorasen bien la tierra; y les dijeron: Id
y reconoced la tierra. Éstos vinieron al monte de Efraín, hasta
la casa de Micaía, y allí posaron. Cuando estaban cerca de 3
la casa de Micaía, reconocieron la voz del joven levita; y lle-

18. 4–17 Jueces 392
gando allá, le dijeron: ¿Quién te ha traído acá? ¿y qué haces
4 aquí? ¿y qué tienes tú por aquí? Él les respondió: De esta
y de esta manera ha hecho conmigo Micaía, y me ha tomado
5 para que sea su sacerdote. Y ellos le dijeron: Pregunta, pues,
ahora a Dios, para que sepamos si ha de prosperar este viaje
6 que hacemos. Y el sacerdote les respondió: Id en paz; delante
7 de Jehová está vuestro camino en que andáis. Entonces aquellos
cinco hombres salieron, y vinieron a Lais; y vieron que el
pueblo que habitaba en ella estaba seguro, ocioso y confiado,
conforme a la costumbre de los de Sidón, sin que nadie en
aquella región les perturbase en cosa alguna, ni había quien
poseyese el reino. Y estaban lejos de los sidonios, y no tenían
8 negocios con nadie. Volviendo, pues, ellos a sus hermanos en
Zora y Estaol, sus hermanos les dijeron: ¿Qué hay? Y ellos res-
9 pondieron: Levantaos, subamos contra ellos; porque nosotros
hemos explorado la región, y hemos visto que es muy buena;
¿y vosotros no haréis nada? No seáis perezosos en poneros en
10 marcha para ir a tomar posesión de la tierra. Cuando vayáis,
llegaréis a un pueblo confiado y a una tierra muy espaciosa,
pues Dios la ha entregado en vuestras manos; lugar donde no
11 hay falta de cosa alguna que haya en la tierra. Entonces salieron
de allí, de Zora y de Estaol, seiscientos hombres de la
12 familia de Dan, armados de armas de guerra. Fueron y acamparon
en Quiriat-jearim en Judá, por lo cual llamaron a aquel
lugar el campamento de Dan, hasta hoy; está al occidente de
13 Quiriat-jearim. Y de allí pasaron al monte de Efraín, y vinie-
14 ron hasta la casa de Micaía. Entonces aquellos cinco hombres
que habían ido a reconocer la tierra de Lais dijeron a sus hermanos:
¿No sabéis que en estas casas hay efod y terafines, y
una imagen de talla y una de fundición? Mirad, por tanto, lo
15 que habéis de hacer. Cuando llegaron allá, vinieron a la casa
del joven levita, en casa de Micaía, y le preguntaron cómo
16 estaba. Y los seiscientos hombres, que eran de los hijos de
Dan, estaban armados de sus armas de guerra a la entrada
17 de la puerta. Y subiendo los cinco hombres que habían ido
a reconocer la tierra, entraron allá y tomaron la imagen de
talla, el efod, los terafines y la imagen de fundición, mientras
estaba el sacerdote a la entrada de la puerta con los seiscientos

393 Jueces 18. 18–19. 1
hombres armados de armas de guerra. Entrando, pues, aqué- 18
llos en la casa de Micaía, tomaron la imagen de talla, el efod,
los terafines y la imagen de fundición. Y el sacerdote les dijo:
¿Qué hacéis vosotros? Y ellos le respondieron: Calla, pon la 19
mano sobre tu boca, y vente con nosotros, para que seas nuestro
padre y sacerdote. ¿Es mejor que seas tú sacerdote en casa
de un solo hombre, que de una tribu y familia de Israel? Y 20
se alegró el corazón del sacerdote, el cual tomó el efod y los
terafines y la imagen, y se fue en medio del pueblo. Y ellos 21
se volvieron y partieron, y pusieron los niños, el ganado y el
bagaje por delante. Cuando ya se habían alejado de la casa 22
de Micaía, los hombres que habitaban en las casas cercanas a
la casa de Micaía se juntaron y siguieron a los hijos de Dan. Y 23
dando voces a los de Dan, éstos volvieron sus rostros, y dijeron
a Micaía: ¿Qué tienes, que has juntado gente? Él respondió: 24
Tomasteis mis dioses que yo hice y al sacerdote, y os vais; ¿qué
más me queda? ¿Por qué, pues, me decís: ¿Qué tienes? Y los 25
hijos de Dan le dijeron: No des voces tras nosotros, no sea que
los de ánimo colérico os acometan, y pierdas también tu vida
y la vida de los tuyos. Y prosiguieron los hijos de Dan su 26
camino, y Micaía, viendo que eran más fuertes que él, volvió y
regresó a su casa. Y ellos, llevando las cosas que había hecho 27
Micaía, juntamente con el sacerdote que tenía, llegaron a Lais,
al pueblo tranquilo y confiado; y los hirieron a filo de espada,
y quemaron la ciudad. Y no hubo quien los defendiese, por- 28
que estaban lejos de Sidón, y no tenían negocios con nadie. Y
la ciudad estaba en el valle que hay junto a Bet-rehob. Luego
reedificaron la ciudad, y habitaron en ella. Y llamaron el 29
nombre de aquella ciudad Dan, conforme al nombre de Dan
su padre, hijo de Israel, bien que antes se llamaba la ciudad
Lais. Y los hijos de Dan levantaron para sí la imagen de talla; 30
y Jonatán hijo de Gersón, hijo de Moisés, él y sus hijos fueron
sacerdotes en la tribu de Dan, hasta el día del cautiverio de la
tierra. Así tuvieron levantada entre ellos la imagen de talla 31
que Micaía había hecho, todo el tiempo que la casa de Dios
estuvo en Silo.

Fuente: LA SANTA BIBLIA
ANTIGUO Y NUEVO TESTAMENTO
ANTIGUA VERSIÓN DE CASIODORO DE REINA (1569)
REVISADA POR CIPRIANO DE VALERA (1602)
OTRAS REVISIONES: 1862, 1909 Y 1960
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