Canal de José Arcesio en Dailymotion y YouTube

PRIMER LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 27 VERSOS 1 AL 12

PRIMER LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 27 VERSOS 1 AL 12

D¼o luego David en su corazón: Al fin seré muerto algún 27
día por la mano de Saúl; nada, por tanto, me será mejor que
fugarme a la tierra de los filisteos, para que Saúl no se ocupe
de mí, y no me ande buscando más por todo el territorio de
Israel; y así escaparé de su mano. Se levantó, pues, David, y 2
con los seiscientos hombres que tenía consigo se pasó a Aquis
hijo de Maoc, rey de Gat. Y moró David con Aquis en Gat, 3
él y sus hombres, cada uno con su familia; David con sus dos
mujeres, Ahinoam jezreelita y Abigail la que fue mujer de Nabal
el de Carmel. Y vino a Saúl la nueva de que David había 4
huido a Gat, y no lo buscó más. Y David dijo a Aquis: Si he 5
hallado gracia ante tus ojos, séame dado lugar en alguna de
las aldeas para que habite allí; pues ¿por qué ha de morar tu
siervo contigo en la ciudad real? Y Aquis le dio aquel día a 6
Siclag, por lo cual Siclag vino a ser de los reyes de Judá hasta
hoy. Fue el número de los días que David habitó en la tierra 7
de los filisteos, un año y cuatro meses. Y subía David con sus 8
hombres, y hacían incursiones contra los gesuritas, los gezritas
y los amalecitas; porque éstos habitaban de largo tiempo la
tierra, desde como quien va a Shur hasta la tierra de Egipto.
Y asolaba David el país, y no dejaba con vida hombre ni mu- 9
jer; y se llevaba las ovejas, las vacas, los asnos, los camellos y
las ropas, y regresaba a Aquis. Y decía Aquis: ¿Dónde habéis 10
merodeado hoy? Y David decía: En el Neguev de Judá, y el
Neguev de Jerameel, o en el Neguev de los ceneos. Ni hom- 11
bre ni mujer dejaba David con vida para que viniesen a Gat;
diciendo: No sea que den aviso de nosotros y digan: Esto hizo

27. 12–28. 14 I Samuel 454
David. Y ésta fue su costumbre todo el tiempo que moró en
12 la tierra de los filisteos. Y Aquis creía a David, y decía: Él se
ha hecho abominable a su pueblo de Israel, y será siempre mi
siervo.

Fuente: Bibles.org.uk, London.

PRIMER LIBRO DE SAMUEL - CAPITULO 26 VERSOS 1 AL 26

PRIMER LIBRO DE SAMUEL - CAPITULO 26 VERSOS 1 AL 26

Vinieron los zifeos a Saúl en Gabaa, diciendo: ¿No está Da- 26
vid escondido en el collado de Haquila, al oriente del desierto?
Saúl entonces se levantó y descendió al desierto de Zif, llevan- 2
do consigo tres mil hombres escogidos de Israel, para buscar
a David en el desierto de Zif. Y acampó Saúl en el collado 3
de Haquila, que está al oriente del desierto, junto al camino.
Y estaba David en el desierto, y entendió que Saúl le seguía
en el desierto. David, por tanto, envió espías, y supo con cer- 4
teza que Saúl había venido. Y se levantó David, y vino al 5
sitio donde Saúl había acampado; y miró David el lugar donde
dormían Saúl y Abner hijo de Ner, general de su ejército. Y
estaba Saúl durmiendo en el campamento, y el pueblo estaba
acampado en derredor de él. Entonces David dijo a Ahime- 6
lec heteo y a Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab: ¿Quién
descenderá conmigo a Saúl en el campamento? Y dijo Abisai:
Yo descenderé contigo. David, pues, y Abisai fueron de noche 7
al ejército; y he aquí que Saúl estaba tendido durmiendo en
el campamento, y su lanza clavada en tierra a su cabecera; y
Abner y el ejército estaban tendidos alrededor de él. Entonces 8

26. 9–21 I Samuel 452
d¼o Abisai a David: Hoy ha entregado Dios a tu enemigo en
tu mano; ahora, pues, déjame que le hiera con la lanza, y lo
enclavaré en la tierra de un golpe, y no le daré segundo golpe.
9 Y David respondió a Abisai: No le mates; porque ¿quién extenderá
su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente?
10 D¼o además David: Vive Jehová, que si Jehová no lo hiriere, o
su día llegue para que muera, o descendiendo en batalla perez-
11 ca, guárdeme Jehová de extender mi mano contra el ungido
de Jehová. Pero toma ahora la lanza que está a su cabecera, y
12 la vasija de agua, y vámonos. Se llevó, pues, David la lanza y
la vasija de agua de la cabecera de Saúl, y se fueron; y no hubo
nadie que viese, ni entendiese, ni velase, pues todos dormían;
porque un profundo sueño enviado de Jehová había caído so-
13 bre ellos. Entonces pasó David al lado opuesto, y se puso en
la cumbre del monte a lo lejos, habiendo gran distancia entre
14 ellos. Y dio voces David al pueblo, y a Abner hijo de Ner,
diciendo: ¿No respondes, Abner? Entonces Abner respondió y
15 dijo: ¿Quién eres tú que gritas al rey? Y dijo David a Abner:
¿No eres tú un hombre? ¿y quién hay como tú en Israel? ¿Por
qué, pues, no has guardado al rey tu señor? Porque uno del
16 pueblo ha entrado a matar a tu señor el rey. Esto que has
hecho no está bien. Vive Jehová, que sois dignos de muerte,
porque no habéis guardado a vuestro señor, al ungido de Jehová.
Mira pues, ahora, dónde está la lanza del rey, y la vas¼a
17 de agua que estaba a su cabecera. Y conociendo Saúl la voz
de David, dijo: ¿No es ésta tu voz, hijo mío David? Y David
18 respondió: Mi voz es, rey señor mío. Y dijo: ¿Por qué persigue
así mi señor a su siervo? ¿Qué he hecho? ¿Qué mal hay
19 en mi mano? Ruego, pues, que el rey mi señor oiga ahora las
palabras de su siervo. Si Jehová te incita contra mí, acepte él
la ofrenda; mas si fueren hijos de hombres, malditos sean ellos
en presencia de Jehová, porque me han arrojado hoy para que
no tenga parte en la heredad de Jehová, diciendo: Ve y sirve
20 a dioses ajenos. No caiga, pues, ahora mi sangre en tierra
delante de Jehová, porque ha salido el rey de Israel a buscar
una pulga, así como quien persigue una perdiz por los mon-
21 tes. Entonces dijo Saúl: He pecado; vuélvete, hijo mío David,
que ningún mal te haré más, porque mi vida ha sido estimada

453 I Samuel 26. 22–27. 11
preciosa hoy a tus ojos. He aquí yo he hecho neciamente, y he
errado en gran manera. Y David respondió y dijo: He aquí la 22
lanza del rey; pase acá uno de los criados y tómela. Y Jehová 23
pague a cada uno su justicia y su lealtad; pues Jehová te había
entregado hoy en mi mano, mas yo no quise extender mi
mano contra el ungido de Jehová. Y he aquí, como tu vida 24
ha sido estimada preciosa hoy a mis ojos, así sea mi vida a
los ojos de Jehová, y me libre de toda aflicción. Y Saúl dijo a 25
David: Bendito eres tú, hijo mío David; sin duda emprenderás
tú cosas grandes, y prevalecerás. Entonces David se fue por su
camino, y Saúl se volvió a su lugar.

Fuente:  Bibles.org.uk, London.

PRIMER LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 25 VERSOS 1 AL 44

PRIMER LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 25 VERSOS 1 AL 44

25 Murió Samuel, y se juntó todo Israel, y lo lloraron, y lo
sepultaron en su casa en Ramá. Y se levantó David y se fue al
2 desierto de Parán. Y en Maón había un hombre que tenía su
hacienda en Carmel, el cual era muy rico, y tenía tres mil ovejas
y mil cabras. Y aconteció que estaba esquilando sus ovejas
3 en Carmel. Y aquel varón se llamaba Nabal, y su mujer, Abigail.
Era aquella mujer de buen entendimiento y de hermosa
apariencia, pero el hombre era duro y de malas obras; y era del
4 linaje de Caleb. Y oyó David en el desierto que Nabal esqui-
5 laba sus ovejas. Entonces envió David diez jóvenes y les dijo:
6 Subid a Carmel e id a Nabal, y saludadle en mi nombre, y
decidle así: Sea paz a ti, y paz a tu familia, y paz a todo cuanto
7 tienes. He sabido que tienes esquiladores. Ahora, tus pastores
han estado con nosotros; no les tratamos mal, ni les faltó na-
8 da en todo el tiempo que han estado en Carmel. Pregunta a
tus criados, y ellos te lo dirán. Hallen, por tanto, estos jóvenes
gracia en tus ojos, porque hemos venido en buen día; te ruego

449 I Samuel 25. 9–23
que des lo que tuvieres a mano a tus siervos, y a tu hijo David.
Cuando llegaron los jóvenes enviados por David, dijeron 9
a Nabal todas estas palabras en nombre de David, y callaron.
Y Nabal respondió a los jóvenes enviados por David, y dijo: 10
¿Quién es David, y quién es el hijo de Isaí? Muchos siervos hay
hoy que huyen de sus señores. ¿He de tomar yo ahora mi pan, 11
mi agua, y la carne que he preparado para mis esquiladores, y
darla a hombres que no sé de dónde son? Y los jóvenes que 12
había enviado David se volvieron por su camino, y vinieron y
dijeron a David todas estas palabras. Entonces David dijo a 13
sus hombres: Cíñase cada uno su espada. Y se ciñó cada uno
su espada y también David se ciñó su espada; y subieron tras
David como cuatrocientos hombres, y dejaron doscientos con
el bagaje. Pero uno de los criados dio aviso a Abigail mujer de 14
Nabal, diciendo: He aquí David envió mensajeros del desierto
que saludasen a nuestro amo, y él los ha zaherido. Y aquellos 15
hombres han sido muy buenos con nosotros, y nunca nos trataron
mal, ni nos faltó nada en todo el tiempo que anduvimos
con ellos, cuando estábamos en el campo. Muro fueron para 16
nosotros de día y de noche, todos los días que hemos estado
con ellos apacentando las ovejas. Ahora, pues, reflexiona y 17
ve lo que has de hacer, porque el mal está ya resuelto contra
nuestro amo y contra toda su casa; pues él es un hombre tan
perverso, que no hay quien pueda hablarle. Entonces Abigail 18
tomó luego doscientos panes, dos cueros de vino, cinco ovejas
guisadas, cinco medidas de grano tostado, cien racimos de
uvas pasas, y doscientos panes de higos secos, y lo cargó todo
en asnos. Y dijo a sus criados: Id delante de mí, y yo os 19
seguiré luego; y nada declaró a su marido Nabal. Y montan- 20
do un asno, descendió por una parte secreta del monte; y he
aquí David y sus hombres venían frente a ella, y ella les salió
al encuentro. Y David había dicho: Ciertamente en vano he 21
guardado todo lo que éste tiene en el desierto, sin que nada le
haya faltado de todo cuanto es suyo; y él me ha vuelto mal por
bien. Así haga Dios a los enemigos de David y aun les añada, 22
que de aquí a mañana, de todo lo que fuere suyo no he de dejar
con vida ni un varón. Y cuando Abigail vio a David, se bajó 23
prontamente del asno, y postrándose sobre su rostro delante

25. 24–36 I Samuel 450
24 de David, se inclinó a tierra; y se echó a sus pies, y dijo: Señor
mío, sobre mí sea el pecado; mas te ruego que permitas
que tu sierva hable a tus oídos, y escucha las palabras de tu
25 sierva. No haga caso ahora mi señor de ese hombre perverso,
de Nabal; porque conforme a su nombre, así es. Él se llama
Nabal, y la insensatez está con él; mas yo tu sierva no vi a los
26 jóvenes que tú enviaste. Ahora pues, señor mío, vive Jehová,
y vive tu alma, que Jehová te ha impedido el venir a derramar
sangre y vengarte por tu propia mano. Sean, pues, como Nabal
tus enemigos, y todos los que procuran mal contra mi señor.
27 Y ahora este presente que tu sierva ha traído a mi señor, sea
28 dado a los hombres que siguen a mi señor. Y yo te ruego que
perdones a tu sierva esta ofensa; pues Jehová de cierto hará
casa estable a mi señor, por cuanto mi señor pelea las batallas
29 de Jehová, y mal no se ha hallado en ti en tus días. Aunque
alguien se haya levantado para perseguirte y atentar contra tu
vida, con todo, la vida de mi señor será ligada en el haz de los
que viven delante de Jehová tu Dios, y él arrojará la vida de
30 tus enemigos como de en medio de la palma de una honda. Y
acontecerá que cuando Jehová haga con mi señor conforme a
todo el bien que ha hablado de ti, y te establezca por príncipe
31 sobre Israel, entonces, señor mío, no tendrás motivo de pena
ni remordimientos por haber derramado sangre sin causa, o
por haberte vengado por ti mismo. Guárdese, pues, mi señor,
y cuando Jehová haga bien a mi señor, acuérdate de tu sierva.
32 Y dijo David a Abigail: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que
33 te envió para que hoy me encontrases. Y bendito sea tu razonamiento,
y bendita tú, que me has estorbado hoy de ir a
34 derramar sangre, y a vengarme por mi propia mano. Porque
vive Jehová Dios de Israel que me ha defendido de hacerte mal,
que si no te hubieras dado prisa en venir a mi encuentro, de
aquí a mañana no le hubiera quedado con vida a Nabal ni un
35 varón. Y recibió David de su mano lo que le había traído, y le
d¼o: Sube en paz a tu casa, y mira que he oído tu voz, y te he
36 tenido respeto. Y Abigail volvió a Nabal, y he aquí que él tenía
banquete en su casa como banquete de rey; y el corazón de
Nabal estaba alegre, y estaba completamente ebrio, por lo cual

451 I Samuel 25. 37–26. 8
ella no le declaró cosa alguna hasta el día siguiente. Pero por 37
la mañana, cuando ya a Nabal se le habían pasado los efectos
del vino, le refirió su mujer estas cosas; y desmayó su corazón
en él, y se quedó como una piedra. Y diez días después, Je- 38
hová hirió a Nabal, y murió. Luego que David oyó que Nabal 39
había muerto, dijo: Bendito sea Jehová, que juzgó la causa de
mi afrenta recibida de mano de Nabal, y ha preservado del
mal a su siervo; y Jehová ha vuelto la maldad de Nabal sobre
su propia cabeza. Después envió David a hablar con Abigail,
para tomarla por su mujer. Y los siervos de David vinieron a 40
Abigail en Carmel, y hablaron con ella, diciendo: David nos ha
enviado a ti, para tomarte por su mujer. Y ella se levantó e 41
inclinó su rostro a tierra, diciendo: He aquí tu sierva, que será
una sierva para lavar los pies de los siervos de mi señor. Y 42
levantándose luego Abigail con cinco doncellas que le servían,
montó en un asno y siguió a los mensajeros de David, y fue su
mujer. También tomó David a Ahinoam de Jezreel, y ambas 43
fueron sus mujeres. Porque Saúl había dado a su hija Mical 44
mujer de David a Palti hijo de Lais, que era de Galim.

Fuente: Bibles.org.uk, London.

PRIMER LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 24 VERSOS 1 AL 22

PRIMER LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 24 VERSOS 1 AL 22
Cuando Saúl volvió de perseguir a los filisteos, le dieron 24
aviso, diciendo: He aquí David está en el desierto de En-gadi.
Y tomando Saúl tres mil hombres escogidos de todo Israel, fue 2
en busca de David y de sus hombres, por las cumbres de los
peñascos de las cabras monteses. Y cuando llegó a un redil 3
de ovejas en el camino, donde había una cueva, entró Saúl
en ella para cubrir sus pies; y David y sus hombres estaban
sentados en los rincones de la cueva. Entonces los hombres de 4
David le dijeron: He aquí el día de que te dijo Jehová: He aquí
que entrego a tu enemigo en tu mano, y harás con él como te
pareciere. Y se levantó David, y calladamente cortó la orilla del
manto de Saúl. Después de esto se turbó el corazón de David, 5
porque había cortado la orilla del manto de Saúl. Y dijo a sus 6
hombres: Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor,
el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque
es el ungido de Jehová. Así reprimió David a sus hombres con 7
palabras, y no les permitió que se levantasen contra Saúl. Y
Saúl, saliendo de la cueva, siguió su camino. También David 8
se levantó después, y saliendo de la cueva dio voces detrás de
Saúl, diciendo: ¡Mi señor el rey! Y cuando Saúl miró hacia
atrás, David inclinó su rostro a tierra, e hizo reverencia. Y 9
d¼o David a Saúl: ¿Por qué oyes las palabras de los que dicen:
Mira que David procura tu mal? He aquí han visto hoy tus 10
ojos cómo Jehová te ha puesto hoy en mis manos en la cueva;
y me dijeron que te matase, pero te perdoné, porque dije: No
extenderé mi mano contra mi señor, porque es el ungido de
Jehová. Y mira, padre mío, mira la orilla de tu manto en mi 11
mano; porque yo corté la orilla de tu manto, y no te maté.
Conoce, pues, y ve que no hay mal ni traición en mi mano, ni
he pecado contra ti; sin embargo, tú andas a caza de mi vida

24. 12–25. 8 I Samuel 448
12 para quitármela. Juzgue Jehová entre tú y yo, y véngueme
13 de ti Jehová; pero mi mano no será contra ti. Como dice el
proverbio de los antiguos: De los impíos saldrá la impiedad;
14 así que mi mano no será contra ti. ¿Tras quién ha salido el
rey de Israel? ¿A quién persigues? ¿A un perro muerto? ¿A
15 una pulga? Jehová, pues, será juez, y él juzgará entre tú y
16 yo. El vea y sustente mi causa, y me defienda de tu mano. Y
aconteció que cuando David acabó de decir estas palabras a
Saúl, Saúl dijo: ¿No es ésta la voz tuya, hijo mío David? Y
17 alzó Saúl su voz y lloró, y dijo a David: Más justo eres tú
que yo, que me has pagado con bien, habiéndote yo pagado
18 con mal. Tú has mostrado hoy que has hecho conmigo bien;
pues no me has dado muerte, habiéndome entregado Jehová
19 en tu mano. Porque ¿quién hallará a su enemigo, y lo dejará
ir sano y salvo? Jehová te pague con bien por lo que en este
20 día has hecho conmigo. Y ahora, como yo entiendo que tú has
de reinar, y que el reino de Israel ha de ser en tu mano firme
21 y estable, júrame, pues, ahora por Jehová, que no destruirás
mi descendencia después de mí, ni borrarás mi nombre de la
22 casa de mi padre. Entonces David juró a Saúl. Y se fue Saúl
a su casa, y David y sus hombres subieron al lugar fuerte.

Fuente: Bibles.org.uk, London.

PRIMER LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 23 VERSOS 1 AL 29

PRIMER LIBRO  DE SAMUEL CAPITULO 23 VERSOS 1 AL 29

Dieron aviso a David, diciendo: He aquí que los filisteos 23
combaten a Keila, y roban las eras. Y David consultó a Jeho- 2
vá, diciendo: ¿Iré a atacar a estos filisteos? Y Jehová respondió
a David: Ve, ataca a los filisteos, y libra a Keila. Pero los que 3
estaban con David le dijeron: He aquí que nosotros aquí en Judá
estamos con miedo; ¿cuánto más si fuéremos a Keila contra
el ejército de los filisteos? Entonces David volvió a consultar 4
a Jehová. Y Jehová le respondió y dijo: Levántate, desciende
a Keila, pues yo entregaré en tus manos a los filisteos. Fue, 5
pues, David con sus hombres a Keila, y peleó contra los filisteos,
se llevó sus ganados, y les causó una gran derrota; y libró
David a los de Keila. Y aconteció que cuando Abiatar hijo 6
de Ahimelec huyó siguiendo a David a Keila, descendió con el
efod en su mano. Y fue dado aviso a Saúl que David había 7
venido a Keila. Entonces dijo Saúl: Dios lo ha entregado en mi
mano, pues se ha encerrado entrando en ciudad con puertas
y cerraduras. Y convocó Saúl a todo el pueblo a la batalla 8
para descender a Keila, y poner sitio a David y a sus hombres.
Mas entendiendo David que Saúl ideaba el mal contra él, dijo a 9
Abiatar sacerdote: Trae el efod. Y dijo David: Jehová Dios de 10
Israel, tu siervo tiene entendido que Saúl trata de venir contra

23. 11–26 I Samuel 446
11 Keila, a destruir la ciudad por causa mía. ¿Me entregarán los
vecinos de Keila en sus manos? ¿Descenderá Saúl, como ha
oído tu siervo? Jehová Dios de Israel, te ruego que lo declares
12 a tu siervo. Y Jehová dijo: Sí, descenderá. Dijo luego David:
¿Me entregarán los vecinos de Keila a mí y a mis hombres en
13 manos de Saúl? Y Jehová respondió: Os entregarán. David
entonces se levantó con sus hombres, que eran como seiscientos,
y salieron de Keila, y anduvieron de un lugar a otro. Y
vino a Saúl la nueva de que David se había escapado de Keila,
14 y desistió de salir. Y David se quedó en el desierto en lugares
fuertes, y habitaba en un monte en el desierto de Zif; y lo buscaba
Saúl todos los días, pero Dios no lo entregó en sus manos.
15 Viendo, pues, David que Saúl había salido en busca de su vida,
16 se estuvo en Hores, en el desierto de Zif. Entonces se levantó
Jonatán hijo de Saúl y vino a David a Hores, y fortaleció
17 su mano en Dios. Y le dijo: No temas, pues no te hallará la
mano de Saúl mi padre, y tú reinarás sobre Israel, y yo seré
18 segundo después de ti; y aun Saúl mi padre así lo sabe. Y
ambos hicieron pacto delante de Jehová; y David se quedó en
19 Hores, y Jonatán se volvió a su casa. Después subieron los de
Zif para decirle a Saúl en Gabaa: ¿No está David escondido en
nuestra tierra en las peñas de Hores, en el collado de Haquila,
20 que está al sur del desierto? Por tanto, rey, desciende pronto
ahora, conforme a tu deseo, y nosotros lo entregaremos en la
21 mano del rey. Y Saúl dijo: Benditos seáis vosotros de Jehová,
22 que habéis tenido compasión de mí. Id, pues, ahora, aseguraos
más, conoced y ved el lugar de su escondite, y quién lo
haya visto allí; porque se me ha dicho que él es astuto en gran
23 manera. Observad, pues, e informaos de todos los escondrijos
donde se oculta, y volved a mí con información segura, y yo
iré con vosotros; y si él estuviere en la tierra, yo le buscaré
24 entre todos los millares de Judá. Y ellos se levantaron, y se
fueron a Zif delante de Saúl. Pero David y su gente estaban
25 en el desierto de Maón, en el Arabá al sur del desierto. Y se
fue Saúl con su gente a buscarlo; pero fue dado aviso a David,
y descendió a la peña, y se quedó en el desierto de Maón.
26 Cuando Saúl oyó esto, siguió a David al desierto de Maón. Y
Saúl iba por un lado del monte, y David con sus hombres por

447 I Samuel 23. 27–24. 11
el otro lado del monte, y se daba prisa David para escapar de
Saúl; mas Saúl y sus hombres habían encerrado a David y a su
gente para capturarlos. Entonces vino un mensajero a Saúl, 27
diciendo: Ven luego, porque los filisteos han hecho una irrupción
en el país. Volvió, por tanto, Saúl de perseguir a David, 28
y partió contra los filisteos. Por esta causa pusieron a aquel
lugar por nombre Sela-hama-lecot. Entonces David subió de 29
allí y habitó en los lugares fuertes de En-gadi.

Fuente: Bibles.org.uk, London.

PRIMER LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 27 VERSOS 1 AL 12

PRIMER LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 27 VERSOS 1 AL 12 D¼o luego David en su corazón: Al fin seré muerto algún 27 día por la mano de Saúl; na...