SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 19 VERSOS 1 AL 43

 SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 19 VERSOS 1 AL 43


CAPÍTULO 19

Joab reprende a David por favore-

cer a sus enemigos en vez de a sus

amigos — David cambia a Joab por

Amasa — Simei, quien maldijo a

David, es perdonado — Mefi-bo-

set rinde homenaje a David — Los

hombres de Judá llevan a David de

regreso a Jerusalén.

Y DIERON aviso a Joab: He aquí

el rey llora y hace duelo por

Absalón.

2 Y aquel día la victoria se con-

virtió en duelo para todo el pue-

blo, porque el pueblo oyó decir

aquel día que el rey sentía dolor

por su hijo.

3 Y entró el pueblo aquel día en

la ciudad escondidamente, como

suele entrar a escondidas el pue-

blo avergonzado que ha huido

de la batalla.

4 Y el rey, cubierto el rostro, cla-

maba en alta voz: ¡Oh hijo mío

Absalón, oh Absalón, hijo mío,

hijo mío!

5 Entonces Joab entró en la casa

donde estaba el rey y le dijo:

Hoy has avergonzado el rostro

de todos tus siervos, que hoy

han librado tu vida, y la vida de

tus hijos y de tus hijas, y la vida

de tus esposas y la vida de tus

concubinas,

6 amando a los que te aborrecen

y aborreciendo a los que te aman;

porque hoy has declarado que

nada te importan tus príncipes

ni tus siervos; pues hoy sé que

si Absalón viviera, aunque todos

nosotros estuviéramos hoy muer-

tos, entonces estarías contento.

7 Levántate pues, ahora, y sal

fuera y a habla bondadosamente

a tus siervos, porque juro por

Jehová que si no sales, no que-

dará ni un hombre contigo esta

noche; y esto será peor para ti

que todos los males que te han

sobrevenido desde tu juventud

hasta ahora.

8 Entonces se levantó el rey y

se sentó a la puerta; y se avisó a

todo el pueblo, diciendo: He aquí

el rey está sentado a la puerta. Y

vino todo el pueblo delante del

rey; pero Israel había huido cada

uno a su tienda.

9 Y sucedió que todo el pueblo


a discutía en todas las tribus de

Israel, diciendo: El rey nos ha

librado de manos de nuestros

enemigos y nos ha salvado de

manos de los filisteos; y ahora

ha huido del territorio por causa

de Absalón.

10 Y Absalón, a quien había-

mos a ungido sobre nosotros, ha

muerto en la batalla. ¿Por qué,

pues, estáis ahora callados con

respecto a hacer volver al rey?

11 Y el rey David envió a los

sacerdotes Sadoc y Abiatar, di-

ciendo: Hablad a los ancianos

de Judá y decidles: ¿Por qué se-

réis vosotros los últimos en hacer

volver al rey a su casa, ya que la

palabra de todo Israel ha llegado

al rey, a su casa?

12 Vosotros sois mis a hermanos;

mis huesos y mi carne sois. ¿Por

qué, pues, seréis vosotros los úl-

timos en hacer volver al rey?

13 Asimismo diréis a Amasa:

¿No eres tú también hueso mío

y carne mía? Así me haga Dios

y aun me añada, si no has de ser

general del ejército delante de mí

para siempre, en lugar de Joab.

14 Así inclinó el a corazón de to-

dos los hombres de Judá, como

el de un solo hombre, para que

enviasen a decir al rey: Vuelve tú

y todos tus siervos.

15 Volvió, pues, el rey y llegó

hasta el Jordán. Y Judá vino a Gil-

gal para recibir al rey y hacerle

pasar el Jordán.

16 Y Simei hijo de Gera, el ben-

jaminita, que era de Bahurim,

se dio prisa y descendió con los

hombres de Judá a recibir al rey

David;

17 y con él venían mil hombres

de Benjamín; asimismo Siba,

criado de la casa de Saúl, con sus

quince hijos y sus veinte siervos,

los cuales se apresuraron a pasar

el Jordán delante del rey.

18 Y cruzaron el vado para ha-

cer pasar a la familia del rey y

para hacer lo que a él le pareciera

bien. Entonces Simei hijo de Gera

se postró delante del rey cuando

éste pasó el Jordán.

19 Y dijo al rey: No me culpe mi

señor de iniquidad, ni te acuerdes

de los males que tu siervo hizo el

día en que mi señor el rey salió

de Jerusalén, ni los guarde el rey

en su corazón;

20 porque yo, tu siervo, reco-

nozco haber pecado, y he aquí

que he venido hoy, el primero de

toda la casa de José, para descen-

der a recibir a mi señor el rey.

21 Y Abisai hijo de Sarvia res-

pondió y dijo: ¿No ha de morir

por esto Simei, que a maldijo al

b ungido de Jehová?

22 David entonces dijo: ¿Qué

tengo yo que ver con vosotros,

hijos de Sarvia, para que hoy me

seáis adversarios? ¿Ha de morir

hoy alguno en Israel? ¿Acaso no

sé que hoy soy rey sobre Israel?

23 Y dijo el rey a Simei: No mo-

rirás. Y el rey se lo juró.

24 También Mefi-boset hijo de

Saúl descendió a recibir al rey; y

no había aseado sus pies, ni había

recortado su barba, ni tampoco

había lavado sus vestidos desde

el día en que el rey salió hasta el

día en que volvió en paz.

25 Y aconteció que cuando él

vino a Jerusalén a recibir al rey, el

rey le dijo: Mefi-boset, ¿por qué

no fuiste conmigo?

26 Y él dijo: Oh rey señor mío,

mi siervo me ha engañado; pues

tu siervo había dicho: Me ensi-

llaré un asno, y montaré en él e iré

al rey, porque tu siervo es cojo.

27 Y él a ha calumniado a tu

siervo delante de mi señor el rey,

pero mi señor el rey es como un

ángel de Dios; haz, pues, lo que

bien te parezca.

28 Porque toda la casa de mi pa-

dre era digna de muerte delante

de mi señor el rey, y tú pusiste

a tu siervo entre los convidados

a tu mesa. ¿Qué derecho, pues,

tengo aún para quejarme más

al rey?

29 Y el rey le dijo: ¿Para qué

hablar más de tus asuntos? Yo

he determinado que tú y Siba os

repartáis las tierras.

30 Y Mefi-boset dijo al rey: Deja

que él las tome todas, puesto que

mi señor el rey ha vuelto en paz

a su casa.

31 También a Barzilai, el galaa-

dita, descendió de Rogelim, y

pasó el Jordán con el rey, para

acompañarle al otro lado del

Jordán.

32 Y era Barzilai muy anciano,

de ochenta años, el cual había

dado provisiones al rey cuando

estaba en Mahanaim, porque era

un hombre potentado.

33 Y el rey dijo a Barzilai: Cruza

conmigo y yo te sustentaré junto

a mí en Jerusalén.

34 Mas Barzilai dijo al rey:

¿Cuántos años me quedan de

vida para que yo suba con el rey

a Jerusalén?

35 Ya tengo ochenta años de

edad. ¿Acaso podré yo discernir

entre lo bueno y lo malo? ¿Sa-

boreará ahora tu siervo lo que

coma o lo que beba? ¿Oirá aún

la voz de los cantores y de las

cantoras? ¿Para qué, pues, ha de

ser tu siervo una carga para mi

señor el rey?

36 Pasará tu siervo un poco más

allá del Jordán con el rey; pero,

¿por qué me ha de dar el rey tan

gran recompensa?

37 Yo te ruego que dejes volver

a tu siervo, para que muera en mi

ciudad, junto al sepulcro de mi

padre y de mi madre. Mas he aquí

a tu siervo Quimam; que pase él

con mi señor el rey, y haz con él

lo que bien te parezca.

38 Y el rey dijo: Pues pase con-

migo Quimam, y yo haré con él

como bien te parezca; y todo lo

que tú me pidas, yo lo haré.

39 Y todo el pueblo pasó el Jor-

dán; y luego que el rey hubo

también pasado, el rey besó a

Barzilai y lo bendijo; y él volvió

a su casa.

40 El rey entonces pasó a Gilgal,

y con él pasó Quimam; y todo

el pueblo de Judá, con la mitad

del pueblo de Israel, pasaron con

el rey.

41 Y he aquí todos los hombres

de Israel vinieron al rey y le di-

jeron: ¿Por qué los hombres de

Judá, nuestros hermanos, te han

acaparado, y han hecho pasar

el Jordán al rey y a su familia,

y a todos los hombres de David

con él?

42 Y todos los hombres de Judá

respondieron a los de Israel: Por-

que el rey es nuestro pariente.

Mas, ¿por qué os enojáis voso-

tros por eso? ¿Hemos nosotros

comido a costa del rey? ¿Hemos

recibido de él alguna dádiva?

43 Entonces respondieron los

hombres de Israel y dijeron a los

de Judá: Nosotros tenemos en el

rey diez partes, y en el mismo

David más derecho que voso-

tros. ¿Por qué, pues, nos habéis

tenido en poco? ¿No hablamos

nosotros primero de hacer volver

a nuestro rey? Y las palabras de

los hombres de Judá fueron más

severas que las de los hombres

de Israel.

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPÍTULO 18 VERSOS 1 AL 33

 SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPÍTULO 18 VERSOS 1 AL 33

CAPÍTULO 18

Los israelitas son derrotados en los

bosques de Efraín — Joab mata a

Absalón — Llevan a David la no-

ticia de su muerte y éste se lamenta

por su hijo.

DAVID, pues, contó a los del pue-

blo que estaban con él, y puso so-

bre ellos jefes de millares y jefes

de centenas.

2 Y envió una tercera parte del

pueblo bajo el mando de Joab, y

otra tercera parte bajo el mando

de Abisai hijo de Sarvia, hermano

de Joab, y la otra tercera parte

bajo el mando de Itai, el geteo. Y

dijo el rey al pueblo: Yo también

saldré con vosotros.

3 Pero el pueblo dijo: No a sal-

drás, porque si nosotros huimos,

no harán caso de nosotros; y aun-

que la mitad de nosotros muera,

no harán caso de nosotros; pero

tú ahora vales tanto como diez

mil de nosotros. Será, pues, me-

jor que tú nos des ayuda desde

la ciudad.

4 Entonces el rey les dijo: Yo

haré lo que bien os parezca. Y se

puso el rey al lado de la puerta,

mientras salía todo el pueblo por

centenares y por millares.

5 Y el rey mandó a Joab, y a

Abisai y a Itai, diciendo: Tratad

benignamente por amor a mí al

joven Absalón. Y todo el pueblo

oyó cuando el rey dio órdenes

acerca de Absalón a todos los

jefes.

6 Salió, pues, el pueblo al campo

contra Israel, y se libró la batalla

en el bosque de Efraín;

7 y allí cayó el pueblo de Is-

rael delante de los siervos de

David, y aquel día se hizo allí

una gran matanza de veinte mil

hombres.

8 Y la batalla se extendió por

todo el territorio, y fueron más los

que devoró el bosque aquel día

que los que devoró la espada.

9 Y Absalón se encontró con los

siervos de David; e iba Absalón

sobre un mulo, y el mulo pasó

por debajo del espeso ramaje de

una gran encina, y se le enredó

la cabeza en la encina, y quedó

suspendido entre el cielo y la tie-

rra, y el mulo en que iba siguió

de largo.

10 Y lo vio uno y avisó a Joab,

diciendo: He aquí que he visto a

Absalón colgado de una encina.

11 Y Joab respondió al hom-

bre que le daba la noticia: Y si lo

viste, ¿por qué no le mataste en

seguida allí, echándole a tierra?

Yo te hubiera dado diez siclos de

plata y un cinturón.

12 Y el hombre dijo a Joab: Aun-

que pesaras en mis manos mil

siclos de plata, no extendería yo

mi mano contra el hijo del rey,

porque nosotros oímos cuando el

rey te mandó a ti, y a Abisai y a

Itai, diciendo: Mirad que ninguno

toque al joven Absalón.

13 Por otra parte, habría yo he-

cho traición contra mi vida, pues

al rey nada se le esconde, y tú

mismo estarías en contra.

14 Y respondió a Joab: No perderé

mi tiempo contigo. Y tomando

tres dardos en su mano, los clavó

en el corazón de Absalón, que

aún estaba vivo en medio de la

encina.

15 Y diez jóvenes escuderos de

Joab rodearon a Absalón y lo hi-

rieron, y acabaron de matarle.

16 Entonces Joab tocó la trom-

peta, y el pueblo dejó de perse-

guir a Israel, porque Joab detuvo

al pueblo.

17 Tomando después a Absalón,

lo echaron en un gran hoyo en el

bosque y levantaron sobre él un

montón muy grande de piedras;

y todo Israel huyó, cada uno a

su tienda.

18 Y en vida, Absalón había to-

mado piedras y había erigido una

columna para sí, la cual está en

el valle del rey, porque había di-

cho: Yo no tengo hijo que con-

serve la memoria de mi nombre.

Y a llamó aquella columna por su

propio nombre, y así se ha lla-

mado la b Columna de Absalón,

hasta hoy.

19 Entonces Ahimaas hijo de Sa-

doc dijo: ¿Correré ahora y daré al

rey las nuevas de que a Jehová le

ha vindicado de la mano de sus

enemigos?

20 Y le respondió Joab: Hoy

no llevarás las nuevas; las lle-

varás otro día; no darás hoy la

noticia, porque el hijo del rey ha

muerto.

21 Y Joab dijo a un etíope: Ve tú

y di al rey lo que has visto. Y el

etíope hizo reverencia ante Joab

y corrió.

22 Entonces Ahimaas hijo de

Sadoc volvió a decir a Joab: Sea

como sea, yo correré, te ruego,

tras el etíope. Y Joab dijo: Hijo

mío, ¿para qué has de correr tú,

si no recibirás recompensa por

las nuevas?

23 Pero él respondió: Sea como

sea, yo correré. Entonces le dijo:

Corre. Corrió, pues, Ahimaas,

por el camino de la llanura, y se

adelantó al etíope.

24 Y David estaba sentado en-

tre las dos puertas; y el atalaya

subió al terrado que estaba sobre

la puerta del muro, y alzando sus

ojos, miró y vio a un hombre que

corría solo.

25 El atalaya dio voces, y lo hizo

saber al rey. Y el rey dijo: Si viene

solo, buenas nuevas trae. En tanto

que él venía acercándose,

26 vio el atalaya a otro hombre

que corría; y dio voces el atalaya

al portero, diciendo: He aquí otro

hombre que corre solo. Y el rey

dijo: Éste también trae buenas

nuevas.

27 Y el atalaya dijo: Me parece

el correr del primero como el co-

rrer de Ahimaas hijo de Sadoc.

Y respondió el rey: Ése es hom-

bre de bien y viene con buenas

nuevas.

28 Entonces Ahimaas dijo en

alta voz al rey: Paz. Y se postró

sobre su rostro en tierra delante

del rey y dijo: Bendito sea Je-

hová tu Dios, que ha entregado

a los hombres que habían levan-

tado sus manos contra mi señor

el rey.

29 Y el rey dijo: ¿El joven Ab-

salón está bien? Y Ahimaas res-

pondió: Vi yo un gran alboroto

cuando envió Joab al siervo del

rey y a mí, tu siervo, pero no supe

qué era.

30 Y el rey dijo: Pasa, y ponte

allí. Y él pasó y se quedó de pie.

31 Y he aquí llegó el etíope y

dijo: Reciba buenas nuevas mi

señor el rey, porque hoy Jehová

te ha vindicado de la mano de

todos los que se habían levan-

tado contra ti.

32 El rey entonces dijo al etíope:

¿El joven Absalón está bien? Y el

etíope respondió: Como aquel

joven sean los enemigos de mi

señor el rey, y todos los que se

levanten contra ti para mal.

33 Entonces el rey se turbó, y

subió a la sala que estaba encima

de la puerta y lloró; y yendo, de-

cía así: ¡Hijo mío Absalón, hijo

mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me

diera haber muerto yo en tu lu-

gar, Absalón, hijo mío, hijo mío!


FUENTE:  Publicada en los Estados Unidos de América

www.scriptures.lds.org/es

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 17 VERSOS 1 AL 29

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 17 VERSOS 1 AL 29

CAPÍTULO 17
Se rechaza el consejo de Ahitofel y
se acepta el de Husai — Se da una
advertencia a David y éste huye,
pasando el Jordán — Ahitofel se
ahorca — El pueblo se prepara para
la guerra.
ENTONCES Ahitofel dijo a Absa-
lón: Yo escogeré ahora doce mil
hombres, y me levantaré y perse-
guiré a David esta noche.
2 Y caeré sobre él cuando esté
cansado y débil de manos; lo ate-
morizaré y todo el pueblo que
está con él huirá; y mataré sola-
mente al rey.
3 Así haré volver a ti a todo el
pueblo. Y cuando ellos hayan
vuelto (pues aquel hombre es el
que tú buscas), todo el pueblo
estará en paz.
4 Este consejo pareció bien a
Absalón y a todos los a ancianos
de Israel.
5 Y dijo Absalón: Llama también
ahora a Husai, el arquita, para
que también oigamos lo que él
tenga que decir.
6 Y cuando Husai vino a Absa-
lón, le habló Absalón, diciendo:
Así ha dicho Ahitofel; ¿seguire-
mos su consejo, o no? Di tú.
7 Entonces Husai dijo a Absa-
lón: El consejo que ha dado esta
vez Ahitofel no es bueno.
8 Y añadió Husai: Tú sabes que
tu padre y sus hombres son va-
lientes y que están con amar-
gura de ánimo, como la osa en
el campo cuando le han quitado
sus cachorros. Además, tu padre
es hombre de guerra y no pasará
la noche con el pueblo.
9 He aquí, él estará ahora es-
condido en alguna cueva o en
otro lugar; y acontecerá que si al
principio caen algunos de los tu-
yos, cualquiera que lo oiga dirá:
Ha habido una matanza entre el
pueblo que sigue a Absalón.
10 Y aun el hombre valiente,
cuyo corazón sea como corazón
de león, sin duda desmayará, por-
que todo Israel sabe que tu padre
es hombre valiente y que los que
están con él son valientes.
11 Aconsejo, pues, que todo Is-
rael se reúna contigo, desde Dan
hasta Beerseba, en multitud como
la arena que está a la orilla del
mar, y que tú en persona vayas
a la batalla.
12 Entonces le acometeremos en
cualquier lugar donde se halle,
y caeremos sobre él como cae el
rocío sobre la tierra, y ni a él ni a
ninguno de los que están con él
dejaremos con vida.
13 Y si se refugia en alguna ciu-
dad, todos los de Israel lleva-
rán sogas a aquella ciudad, y la
arrastraremos hasta el arroyo,
hasta que no se encuentre allí ni
una piedra.
14 Entonces Absalón y todos los
hombres de Israel dijeron: El con-
sejo de Husai, el arquita, es mejor
que el a consejo de Ahitofel. Por-
que Jehová había ordenado que
el acertado consejo de Ahitofel se
frustrara, para que Jehová hiciese
venir el mal sobre Absalón.
15 Dijo luego Husai a los
sacerdotes Sadoc y Abiatar: Así
y así aconsejó Ahitofel a Absalón
y a los ancianos de Israel; y de
esta manera aconsejé yo.
16 Por tanto, enviad inmediata-
mente y dad aviso a David, di-
ciendo: No te quedes esta noche
en los llanos del desierto, sino
pasa en seguida el Jordán, para
que el rey no sea destruido y todo
el pueblo que está con él.
17 Y Jonatán y Ahimaas esta-
ban junto a la fuente de Rogel, y
una criada fue y les avisó, por-
que ellos no podían dejarse ver
entrando en la ciudad; y ellos
fueron y se lo comunicaron al
rey David.
18 Pero fueron vistos por un jo-
ven, el cual avisó a Absalón; sin
embargo, los dos se dieron prisa
en caminar y llegaron a casa de
un hombre en Bahurim que tenía
un pozo en su patio, dentro del
cual se metieron.
19 Y la mujer de la casa tomó
una manta y la extendió sobre
la boca del pozo, y tendió sobre
ella el grano trillado; y no se no-
taba nada.
20 Y cuando llegaron los cria-
dos de Absalón a la casa de la
mujer, le dijeron: ¿Dónde están
Ahimaas y Jonatán? Y la mujer
les respondió: Ya han pasado el
vado de las aguas. Y como ellos
los buscaron y no los hallaron,
volvieron a Jerusalén.
21 Y sucedió que después que
ellos se hubieron ido, aquéllos
salieron del pozo y se fueron y
dieron aviso al rey David, y le
dijeron: Levantaos y daos prisa
a pasar las aguas, porque Ahi-
tofel ha dado tal consejo contra
vosotros.
22 Entonces David se levantó,
y todo el pueblo que estaba con
él, y pasaron el Jordán antes que
amaneciese; ni siquiera faltó uno
que no pasase el Jordán.
23 Y Ahitofel, viendo que no se
había seguido su consejo, ensilló
su asno, y se levantó y se fue a
su casa en su ciudad; y después
de poner su casa en orden, se
ahorcó y murió, y fue sepultado
en el sepulcro de su padre.
24 Y David llegó a Mahanaim, y
Absalón pasó el Jordán con toda
la gente de Israel.
25 Y Absalón nombró a a Amasa
jefe del ejército en lugar de b Joab.
Amasa era hijo de un hombre
de Israel llamado Itra, el cual se
había llegado a Abigail hija de
Nahas, hermana de Sarvia, ma-
dre de Joab.
26 Y acampó Israel con Absalón
en la tierra de Galaad.
27 Y aconteció que cuando Da-
vid llegó a Mahanaim, Sobi hijo
de Nahas, de Rabá de los hijos de
Amón, y Maquir hijo de Amiel
de Lodebar, y a Barzilai galaadita
de Rogelim
28 trajeron camas, y tazas, y va-
sijas de barro, y trigo, y cebada, y
harina, y grano tostado, y habas, y
lentejas, y garbanzos tostados,
29 y miel, y mantequilla, y ove-
jas y quesos de vaca, para que
comiesen, porque dijeron: El pue-
blo está hambriento, y cansado y
sediento en el desierto.

Fuente: 
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SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL capitulo 16 versos 1 al 23

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL capitulo 16 versos 1 al 23

CAPÍTULO 16
maldice a David — Ahitofel acon-
seja a Absalón y éste se llega a las
concubinas de su padre.
Y CUANDO David hubo pasado
un poco más allá de la cumbre del
monte, he aquí que Siba, el criado
de Mefi-boset, salió a recibirle con
un par de asnos ensillados, y so-
bre ellos doscientos panes, y cien
racimos de pasas, y cien frutas de
verano y un cuero de vino.
2 Y dijo el rey a Siba: ¿Qué es
esto? Y Siba respondió: Los as-
nos son para que monte la fami-
lia del rey; los panes y las pasas,
para que coman los criados; y el
vino, para que beban los que se
cansen en el desierto.
3 Y dijo el rey: ¿Dónde está el
hijo de tu señor? Y Siba respon-
dió al rey: He aquí que él se ha
quedado en Jerusalén, porque
ha dicho: Hoy me devolverá
la casa de Israel el reino de mi
padre.
4 Entonces el rey dijo a Siba: He
aquí, sea tuyo todo lo que tiene
Mefi-boset. Y respondió Siba, in-
clinándose: Rey y señor mío, halle
yo gracia delante de ti.
5 Y vino el rey David hasta Ba-
hurim; y he aquí, salía uno de la
familia de la casa de Saúl, el cual
se llamaba a Simei hijo de Gera; y
salía b maldiciendo
6 y arrojando piedras contra
David y contra todos los siervos
del rey David; y todo el pueblo
y todos los hombres valien-
tes estaban a su derecha y a su
izquierda.
7 Y decía Simei, maldiciéndole:
¡Fuera, fuera, hombre sanguina-
rio y a perverso!
8 Jehová te ha dado el pago
de toda la sangre de la casa de
Saúl, en lugar del cual tú has rei-
nado, y Jehová ha entregado el
reino en manos de tu hijo Ab-
salón; y hete aquí sorprendido en
tu maldad, porque eres hombre
sanguinario.
9 Entonces Abisai hijo de Sarvia
dijo al rey: ¿Por qué maldice este
perro muerto a mi señor el rey?
Yo te ruego que me dejes pasar
y le cortaré la cabeza.
10 Y el rey respondió: ¿Qué
tengo yo que ver con vosotros,
hijos de Sarvia? Si él maldice así
es porque Jehová le ha dicho que
maldiga a David. ¿Quién, pues,
le dirá: ¿Por qué haces esto?
11 Y dijo David a Abisai y a
todos sus siervos: He aquí, mi
hijo que ha salido de mis entra-
ñas acecha mi vida; ¿cuánto más
ahora un hijo de Benjamín? De-
jadle que maldiga, pues Jehová
se lo ha dicho.
12 Quizá Jehová mire mi aflic-
ción, y a me dé Jehová bien por
sus maldiciones de hoy.
13 Y mientras David y los suyos
iban por el camino, Simei iba por
el lado del monte delante de él,
andando y maldiciendo, y arro-
jando piedras delante de él y es-
parciendo polvo.
14 Y el rey y todo el pueblo que
con él estaba llegaron fatigados,
y descansaron allí.
15 Y Absalón y todo el pueblo,
los hombres de Israel, entraron en
Jerusalén, y con él Ahitofel.
16 Y acaeció que cuando Hu-
sai, el arquita, amigo de David,
hubo llegado donde estaba Ab-
salón, le dijo Husai: ¡Viva el rey,
viva el rey!
17 Y Absalón dijo a Husai: ¿Es
éste tu agradecimiento para con
tu amigo? ¿Por qué no fuiste con
tu amigo?
18 Y Husai respondió a Absalón:
No, sino que al que elija Jehová y
este pueblo y todos los hombres
de Israel, de aquél seré yo, y con
él me quedaré.
19 Y además, ¿a quién había yo
de servir? ¿No es a su hijo? Como
he servido delante de tu padre,
así seré delante de ti.
20 Después dijo Absalón a Ahi-
tofel: Dad vuestro consejo sobre
lo que debemos hacer.
21 Y Ahitofel dijo a Absalón:
Llégate a las a concubinas de tu
padre, que él dejó para guardar
la casa; y todo el pueblo de Israel
oirá que te has hecho aborrecible
a tu padre, y así se fortalecerán
las manos de todos los que están
contigo.
22 Entonces pusieron una tienda
para a Absalón sobre el terrado, y
se llegó Absalón a las concubi-
nas de su padre ante los ojos de
todo Israel.
23 Y el consejo que daba a Ahi-
tofel en aquellos días era como si
se consultara la palabra de Dios.
Así era considerado el consejo de
Ahitofel, tanto por David como
por Absalón.

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SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 15 VERSOS 1 AL 37

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 15 VERSOS 1 AL 37

CAPÍTULO 15
Absalón conspira contra David y
consigue el apoyo del pueblo —
David huye y Absalón entra en
Jerusalén.
ACONTECIÓ después de esto que
Absalón se hizo de un carro, y ca-
ballos y cincuenta hombres que
corriesen delante de él.
2 Y se levantaba a Absalón de
mañana y se ponía a un lado del
camino que va a la puerta; y a
cualquiera que tenía pleito y ve-
nía ante el rey a juicio, Absalón
le llamaba y le decía: ¿De qué
ciudad eres? Y él respondía: Tu
siervo es de una de las tribus de
Israel.
3 Entonces Absalón le decía:
Mira, tus palabras son buenas
y justas, pero no tienes quien te
oiga de parte del rey.
4 Y decía Absalón: ¡Quién me
pusiera por juez en esta tierra,
para que viniesen a mí todos los
que tienen pleito o asunto, y yo
les haría justicia!
5 Y acontecía que cuando al-
guno se acercaba para inclinarse
ante él, él extendía su mano, y lo
abrazaba y lo besaba.
6 Y de esta manera hacía con to-
dos los de Israel que venían al rey
a juicio, y así les robaba Absalón
el corazón a los de Israel.
7 Y aconteció que al cabo de
a cuarenta años, Absalón dijo al
rey: Yo te ruego que me permitas
ir a Hebrón a pagar mi voto que
he prometido a Jehová.
8 Porque tu siervo hizo voto
cuando estaba en Gesur, en Si-
ria, diciendo: Si Jehová me hace
volver a Jerusalén, yo serviré a
Jehová.
9 Y el rey le dijo: Ve en paz. Y él
se levantó y se fue a Hebrón.
10 Pero envió Absalón espías
por todas las tribus de Israel, di-
ciendo: Cuando oigáis el sonido
de la trompeta, diréis: Absalón
reina en Hebrón.
11 Y fueron con Absalón dos-
cientos hombres de Jerusalén con-
vidados por él, los cuales iban
inocentemente, sin saber nada.
12 También, Absalón mandó
buscar a a Ahitofel, el gilonita,
b consejero de David, de Gilo su
ciudad, mientras ofrecía sus sa-
crificios. Y la c conspiración vino a
ser grande, pues iba aumentando
el pueblo que seguía a Absalón.
13 Y un mensajero vino a David,
diciendo: El corazón de todo Is-
rael se va tras Absalón.
14 Entonces David dijo a todos
sus siervos que estaban con él en
Jerusalén: Levantaos y huyamos,
porque no podremos escapar de-
lante de Absalón; daos prisa a
partir, no sea que apresurándose
él nos alcance, y arroje el mal so-
bre nosotros y hiera la ciudad a
filo de espada.
15 Y los siervos del rey dijeron
al rey: He aquí, tus siervos están
listos para todo lo que nuestro
señor el rey decida.
16 El rey entonces salió, con toda
su familia en pos de él. Y dejó el
rey a diez mujeres a concubinas
para que guardasen la casa.
17 Salió, pues, el rey con todo el
pueblo que le seguía, y se detu-
vieron en un a lugar distante.
18 Y todos sus siervos pasaban
a su lado, con todos los cereteos
y peleteos; y todos los geteos,
seiscientos hombres que habían
venido a pie desde Gat, iban de-
lante del rey.
19 Y dijo el rey a Itai, el geteo:
¿Para qué vienes tú también con
nosotros? Vuelve y quédate con
el rey, porque tú eres extranjero y
desterrado también de tu lugar.
20 Ayer viniste, ¿y he de ha-
cer hoy que andes de aquí para
allá para ir con nosotros? Yo voy
adonde pueda; tú vuelve y haz
volver a tus hermanos, y que la
misericordia y la verdad sean
contigo.
21 Y respondió Itai al rey, di-
ciendo: Vive Dios, y vive mi señor
el rey, que, o para muerte o para
vida, donde esté mi señor el rey,
allí estará también tu siervo.
2 SAMUEL 15:22–37
22 Entonces David dijo a Itai:
Ven, pues, y pasa adelante. Y pasó
Itai, el geteo, y todos sus hombres
y toda su familia.
23 Y todo el país lloraba en alta
voz; pasó luego toda la gente el
torrente Cedrón; asimismo pasó
el rey, y todo el pueblo pasó al
camino que va al desierto.
24 Y he aquí, también iba a Sa-
doc, y con él todos los levitas que
llevaban el arca del convenio de
Dios; y asentaron el arca del con-
venio de Dios. Y subió b Abiatar
después que todo el pueblo hubo
acabado de salir de la ciudad.
25 Pero dijo el rey a Sadoc: Haz
volver el arca de Dios a la ciu-
dad; si yo hallo gracia ante los
ojos de Jehová, él me hará vol-
ver y me permitirá ver el arca y
su morada.
26 Y si dice: No me complazco
en ti; heme aquí, que haga de mí
lo que bien le parezca.
27 Dijo además el rey al sacer-
dote Sadoc: ¿No eres tú el a vi-
dente? Vuelve en paz a la ciudad,
y vuelvan con vosotros vuestros
dos hijos: tu hijo Ahimaas y Jo-
natán hijo de Abiatar.
28 Mirad, yo me detendré en
los llanos del desierto, hasta que
venga respuesta de vosotros que
me dé noticias.
29 Entonces Sadoc y Abiatar
hicieron volver el arca de Dios a
Jerusalén y se quedaron allá.
30 Y David subió la cuesta de
los Olivos; y la subió llorando,
llevando la a cabeza cubierta y los
pies descalzos. También todo el
pueblo que iba con él cubrió cada
uno su cabeza, e iban llorando
mientras subían.
31 Y dieron aviso a David, di-
ciendo: Ahitofel está entre los
que conspiraron con Absalón.
Entonces dijo David: Entorpece
ahora, oh Jehová, el a consejo de
Ahitofel.
32 Y aconteció que cuando Da-
vid llegó a la cumbre del monte
donde se adoraba a Dios, he aquí,
Husai, el arquita, le salió al en-
cuentro, trayendo rasgada su
ropa y tierra sobre su cabeza.
33 Y le dijo David: Si vienes con-
migo, me serás una carga;
34 pero si vuelves a la ciudad y
le dices a Absalón: Rey, yo seré tu
siervo; como hasta aquí he sido
siervo de tu padre, así seré ahora
siervo tuyo, entonces tú harás
nulo el consejo de Ahitofel.
35 ¿No estarán allí contigo los
sacerdotes Sadoc y Abiatar? Por
tanto, todo lo que oigas en la casa
del rey, se lo comunicarás a los
sacerdotes Sadoc y Abiatar.
36 Y he aquí que están con ellos
sus dos hijos, Ahimaas el de Sa-
doc, y Jonatán el de Abiatar; por
medio de ellos me enviaréis aviso
de todo lo que oigáis.
37 Así fue Husai, amigo de Da-
vid, a la ciudad; y Absalón entró
en Jerusalén.

Fuente: Publicada en los Estados Unidos de América
/2009
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SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 14 VERSOS 1 AL 53

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 14 VERSOS 1 AL 53

CAPÍTULO 14
Al cabo de tres años, Joab hace arre-
glos para traer a Absalón a casa,
valiéndose de una estratagema —
Después de haber transcurrido dos
años más, Absalón ve al rey y se
reconcilian.
Y CONOCIENDO Joab hijo de Sar-
via que el corazón del rey se
inclinaba por Absalón,
2 envió Joab y mandó traer de
Tecoa a una mujer sabia, y le dijo:
Yo te ruego que finjas estar de
duelo y te vistas de ropas de luto,
y que no te unjas con aceite, sino
finge ser mujer que hace mucho
tiempo está de luto por algún
muerto;
3 y al entrar ante el rey, habla
con él de esta manera. Y puso
Joab las palabras en su boca.
4 Y cuando entró aquella mujer
de Tecoa ante el rey, se postró en
tierra sobre su rostro, hizo reve-
rencia y dijo: ¡Socorro, oh rey!
5 Y el rey le dijo: ¿Qué tienes?
Y ella respondió: Yo a la verdad
soy una mujer viuda, pues mi
marido ha muerto.
6 Y tu sierva tenía dos hijos, y
los dos riñeron en el campo; y no
habiendo quien los separara, uno
hirió al otro y lo mató.
7 Y he aquí que toda la familia
se ha levantado contra tu sierva,
diciendo: Entrega al que mató a
su hermano, para que le mate-
mos por la vida de su hermano
a quien él mató, y destruyamos
también al heredero. Así apaga-
rán la brasa que me ha quedado,
no dejando a mi marido nombre
ni remanente sobre la tierra.
8 Entonces el rey dijo a la mujer:
Vete a tu casa, y yo daré órdenes
con respecto a ti.
9 Y la mujer de Tecoa dijo al
rey: ¡Rey y señor mío, la maldad
sea sobre mí y sobre la casa de
mi padre! Pero el rey y su trono
sean sin culpa.
10 Y el rey dijo: Al que hable
contra ti, tráelo ante mí, que no
te tocará más.
11 Dijo ella entonces: Te ruego,
oh rey, que te acuerdes de Jehová
tu Dios, para que el a vengador de
la sangre no aumente el daño, no
sea que destruya a mi hijo. Y él
respondió: Vive Jehová, que no
caerá en tierra ni un cabello de la
cabeza de tu hijo.
12 Y la mujer dijo: Te ruego que
permitas que hable tu criada una
palabra a mi señor el rey. Y él
dijo: Habla.
13 Entonces la mujer dijo: ¿Por
qué, pues, has pensado tú cosa
semejante contra el pueblo de
Dios? Porque al decir el rey estas
palabras se culpa a sí mismo, por
cuanto el rey no hace volver a su
desterrado.
14 Porque de cierto morimos y
somos como aguas derramadas
por tierra, que no pueden vol-
ver a recogerse; ni Dios quita la
vida, sino que proporciona me-
dios para que el desterrado no
sea de él a excluido.
15 Y si yo he venido ahora
para decir esto al rey mi se-
ñor, es porque el pueblo me
ha atemorizado. Y tu sierva
se dijo: Hablaré ahora al rey;
quizá él haga lo que su sierva
le diga.
16 Pues el rey oirá para librar
a su sierva de mano del hombre
que me quiere destruir a mí, y a
mi hijo juntamente, de la here-
dad de Dios.
17 Tu sierva, pues, dice: Sea
ahora de consuelo la respuesta
de mi señor el rey, pues mi señor
el rey es como un ángel de Dios
para a discernir entre lo bueno y
lo malo. Que Jehová tu Dios sea
contigo.
18 Entonces el rey respondió y
dijo a la mujer: Yo te ruego que
no me encubras nada de lo que
yo te pregunte. Y la mujer dijo:
Hable mi señor el rey.
19 Y el rey dijo: ¿No está la mano
de Joab contigo en todas estas co-
sas? Y la mujer respondió y dijo:
Vive tu alma, rey señor mío, que
no hay que apartarse ni a derecha
ni a izquierda de todo lo que mi
señor el rey ha hablado, porque
tu siervo Joab me mandó, y él
puso en boca de tu sierva todas
estas palabras;
20 para cambiar el aspecto de
las cosas, Joab, tu siervo, lo ha
hecho; pero mi señor es sabio,
conforme a la sabiduría de un
ángel de Dios, para conocer todo
lo que hay en la tierra.
21 Entonces el rey dijo a Joab:
He aquí, yo hago esto: Ve y haz
volver al joven Absalón.
22 Y Joab se postró en tierra so-
bre su rostro e a hizo reverencia, y
después que bendijo al rey, dijo:
Hoy ha entendido tu siervo que
he hallado gracia ante tus ojos,
rey y señor mío; pues ha hecho el
rey lo que su siervo ha dicho.
23 Se levantó luego Joab, y
fue a Gesur y trajo a Absalón a
Jerusalén.
24 Mas el rey dijo: Váyase él a
su casa y no vea mi rostro. Y vol-
vió Absalón a su casa y no vio el
rostro del rey.
25 Y no había en todo Israel
hombre tan alabado por su her-
mosura como Absalón; desde la
planta de su pie hasta su coronilla
no había en él defecto.
26 Y cuando se cortaba el cabe-
llo (lo cual hacía al fin de cada
año, pues le causaba molestia, y
por eso se lo cortaba), pesaba el
cabello de su cabeza doscientos
siclos de peso real.
27 Y le nacieron a Absalón tres
hijos y una hija, que se llamó
Tamar, la cual era de hermoso
semblante.
28 Y estuvo Absalón por espacio
de dos años en Jerusalén y no vio
el rostro del rey.
29 Y Absalón mandó buscar a
Joab para enviarlo al rey, pero
él no quiso venir a él; y envió a
buscarlo por segunda vez, pero
tampoco quiso venir.
30 Entonces dijo a sus siervos:
Mirad, el campo de Joab está
junto a mi lugar, y allí tiene su
cebada; id y prendedle fuego; y
los siervos de Absalón prendie-
ron fuego al campo.
31 Entonces se levantó Joab, y
fue a casa de Absalón y le dijo:
¿Por qué han prendido fuego tus
siervos a mi campo?
32 Y Absalón respondió a Joab:
He aquí, yo he enviado por ti, di-
ciendo que vinieses acá, a fin de
enviarte yo al rey a decirle: ¿Para
qué vine de Gesur? Mejor me hu-
biera sido quedarme allá. Vea yo
ahora el rostro del rey; y si hay
pecado en mí, que me mate.
33 Fue, pues, Joab al rey y se
lo hizo saber. Entonces llamó a
Absalón, el cual vino al rey, y se
postró sobre su rostro en tierra
delante del rey; y el rey besó a
Absalón.

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SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 13 VERSOS 1 AL 39 CAPÍTULO 13

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 13 VERSOS 1 AL 39

CAPÍTULO 13
Amnón ama a Tamar, su hermana,
y, por estratagema, la fuerza — Se
le da muerte por mandato de Absa-
lón — Absalón huye a Gesur.

ACONTECIÓ después de esto que,
teniendo Absalón hijo de David
una hermana muy hermosa que
se llamaba a Tamar, Amnón hijo de
David se enamoró de ella.
2 Y Amnón estaba tan angus-
tiado que se puso enfermo por
su hermana Tamar; pues, por ser
ella a virgen, le parecía difícil a
Amnón hacerle algo.
3 Y Amnón tenía un amigo que
se llamaba Jonadab hijo de Simea,
hermano de David; y Jonadab era
un hombre muy astuto.
4 Y éste le dijo: Hijo del rey, ¿por
qué de día en día vas enflaque-
ciendo así? ¿No me lo descubri-
rás a mí? Y Amnón le respondió:
Yo a amo a Tamar, la hermana de
Absalón, mi hermano.
5 Y Jonadab le dijo: Acués-
tate en tu cama y finge que es-
tás enfermo; y cuando tu padre
venga a visitarte, dile: Te ruego
que venga mi hermana Tamar,
para que me dé de comer, y pre-
pare delante de mí una comida,
para que yo la vea y coma de
su mano.
6 Se acostó, pues, Amnón, y fin-
gió que estaba enfermo, y vino
el rey a visitarle; y dijo Amnón
al rey: Yo te ruego que venga mi
hermana Tamar y haga delante
de mí dos panes, para que coma
yo de su mano.
7 Y David envió a Tamar a su
casa, diciendo: Ve ahora a casa
de Amnón, tu hermano, y hazle
de comer.
8 Y fue Tamar a casa de su her-
mano Amnón, el cual estaba acos-
tado; y tomó harina, y la amasó
e hizo panes delante de él y los
coció.
9 Tomó luego la sartén y los sacó
delante de él; pero él no quiso co-
mer. Y dijo Amnón: Echad fuera
de aquí a todos. Y todos salieron
de allí.
10 Entonces Amnón dijo a Ta-
mar: Trae la comida a la alcoba
para que yo coma de tu mano.
Y tomando Tamar los panes que
había cocido, los llevó a su her-
mano Amnón a la alcoba.
11 Y cuando ella se los puso de-
lante para que comiese, él a asió
de ella, diciéndole: Ven, hermana
mía, acuéstate conmigo.
12 Ella entonces le respondió:
No, hermano mío, no me a fuerces,
porque no se debe hacer así en
Israel. No hagas tal b vileza.
13 Porque, ¿adónde iría yo con
mi deshonra? Y aun tú serías es-
timado como uno de los perversos
en Israel. Te ruego, pues, ahora,
que hables al rey, porque él no
me negará a ti.
14 Pero él no la quiso oír, sino
que, pudiendo más que ella, la
forzó y se acostó con ella.
15 Después Amnón la a aborre-
ció con tan gran aborrecimiento,
que el odio con que la aborreció
fue mayor que el amor con que
la había amado. Y le dijo Amnón:
Levántate y vete.
16 Y ella le respondió: No hay
razón; mayor mal es éste de
echarme que el que me has he-
cho. Pero él no la quiso oír,
17 sino que, llamando a su
criado que le servía, le dijo:
Échame a ésta fuera de aquí y
cierra la puerta tras ella.
18 Y ella llevaba puesto un
a vestido de colores, un traje que
vestían las hijas vírgenes de los
reyes. Y su criado la echó fuera
y cerró la puerta tras ella.
19 Entonces Tamar tomó ce-
niza y la esparció sobre su ca-
beza, y rasgó la ropa de colores
que llevaba puesta y, con las
manos sobre su cabeza, se fue
gritando.
20 Y le dijo su hermano
Absalón: ¿Ha estado contigo tu
hermano Amnón? Calla pues,
ahora, hermana mía; tu hermano
es. No se angustie tu corazón por
esto. Y se quedó Tamar descon-
solada en casa de su hermano
Absalón.
21 Y cuando el rey David oyó
todo esto, se enojó mucho.
22 Pero Absalón no habló con
Amnón ni malo ni bueno, pues
Absalón aborrecía a Amnón, por-
que había forzado a su hermana
Tamar.
23 Y aconteció que, pasados dos
años, Absalón tenía esquiladores
en Baal-hazor, que está junto a
Efraín; y convidó Absalón a to-
dos los hijos del rey.
24 Y vino Absalón al rey y le
dijo: He aquí, tu siervo tiene
ahora esquiladores; yo ruego
que venga el rey y sus siervos
con tu siervo.
25 Y respondió el rey a Absalón:
No, hijo mío, no iremos todos,
para no ser una carga para ti. Y
aunque le insistió, no quiso ir,
mas le bendijo.
26 Entonces dijo Absalón: Si no,
te ruego que venga Amnón, mi
hermano, con nosotros. Y el rey
le respondió: ¿Para qué ha de ir
contigo?
27 Y como Absalón le insistió,
dejó ir con él a Amnón y a todos
los hijos del rey.
28 Y Absalón dio órdenes a
sus criados, diciendo: Ahora bien,
mirad cuando el corazón de Am-
nón esté a alegre por el vino; y
cuando yo os diga: Herid a Am-
nón, entonces b matadle; y no
temáis, pues yo os lo he man-
dado. Esforzaos, pues, y sed
valientes.
29 Y los criados de Absalón hi-
cieron con Amnón como Absa-
lón lo había mandado. Entonces
se levantaron todos los hijos del
rey, y montó cada uno en su mula
y huyeron.
30 Y aconteció que cuando es-
taban ellos aún en camino, llegó
a David el rumor que decía:
Absalón ha matado a todos los
hijos del rey, y ninguno de ellos
ha quedado.
31 Entonces se levantó David,
y rasgó sus vestidos y se echó en
tierra, y todos sus criados presen-
tes rasgaron sus vestidos.
32 Y Jonadab hijo de Simea,
hermano de David, habló y dijo:
No diga mi señor que han dado
muerte a todos los jóvenes hi-
jos del rey, pues sólo Amnón ha
sido muerto; porque en boca de
Absalón estaba decidido desde
el día en que Amnón forzó a su
hermana Tamar.
33 Por tanto, ahora no ponga
mi señor el rey en su corazón
ese rumor que dice: Todos los
hijos del rey han sido muertos,
porque sólo Amnón ha sido
muerto.
34 Y Absalón huyó. Y el joven
que estaba en el atalaya alzó los
ojos y miró, y he aquí que mucha
gente venía por el camino que
estaba a sus espaldas, del lado
del monte.
35 Y dijo Jonadab al rey: He allí
los hijos del rey que vienen, tal
como tu siervo ha dicho.
36 Y aconteció que cuando él
acabó de hablar, he aquí que
los hijos del rey llegaron, y al-
zando su voz, lloraron. Y tam-
bién el mismo rey y todos sus
siervos lloraron con muy grandes
lamentos.
37 Pero Absalón huyó y se fue
a Talmai hijo de Amiud, rey de
Gesur. Y David lloraba por su hijo
todos los días.
38 Así Absalón huyó, y se fue a
Gesur y estuvo allá tres años.
39 Y el rey David ansiaba ver
a Absalón, porque ya se ha-
bía consolado de la muerte de
Amnón

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SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 12 VERSOS 1 AL 31

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 12 VERSOS 1 AL 31

Natán narra a David la parábola de
la corderita — Jehová dio muchas
esposas a David, que llega a ser mal-
decido por haber tomado a Betsabé
— David ayuna y ora por su hijo,
pero Jehová se lleva al niño — Nace
Salomón — David conquista la ciu-
dad real de los amonitas.
Y JEHOVÁ envió a a Natán ante
David; y fue a él y le dijo: Había
dos hombres en una ciudad, el
uno rico y el otro pobre.
2 El rico tenía numerosas ove-
jas y vacas,
3 pero el pobre no tenía más
que una sola corderita, que él
había comprado y criado, y que
había crecido con él y con sus hi-
jos juntamente, comiendo de su
bocado, y bebiendo de su vaso, y
durmiendo en su seno; y la tenía
como a una hija.
4 Y vino uno de camino al hom-
bre rico, y éste no quiso tomar de
sus ovejas ni de sus vacas, para
guisar para el caminante que ha-
bía venido a él, sino que tomó la
corderita de aquel hombre pobre
y la guisó para aquel que había
venido a él.
5 Entonces se encendió el furor
de David en gran manera con-
tra aquel hombre y dijo a Natán:
¡Vive Jehová, que el que tal hizo
es digno de muerte!
6 Y él debe pagar a cuatro veces
por la corderita, porque hizo tal
cosa y no tuvo misericordia.
7 Entonces dijo Natán a David:
Tú eres aquel hombre. Así ha di-
cho Jehová Dios de Israel: Yo te
ungí rey sobre Israel, y te libré de
manos de Saúl,
8 y te di la casa de tu señor y las
mujeres de tu señor en tu seno;
además te di la casa de Israel y de
Judá; y como si esto fuera poco, te
habría añadido mucho más.
9 ¿Por qué, pues, a tuviste en
poco la palabra de Jehová, ha-
ciendo lo malo delante de sus
ojos? A Urías, el heteo, b heriste a
espada, y tomaste por esposa a
su c esposa, y a él lo mataste con la
espada de los hijos de Amón.
10 Por lo cual ahora la a espada
no se apartará jamás de tu casa,
por cuanto me menospreciaste y
tomaste la esposa de Urías, el he-
teo, para que fuese tu esposa.
11 Así ha dicho Jehová: He aquí,
yo haré levantar a el mal sobre
ti de tu misma casa, y tomaré
tus esposas delante de tus ojos
y las daré a tu prójimo, el que
yacerá con tus esposas a la vista
del sol.
12 Porque tú lo hiciste en se-
creto, pero yo haré esto delante
de todo Israel y a pleno sol.
13 Entonces dijo David a
Natán: a Pequé contra Jehová.
Y Natán dijo a David: También
Jehová b ha remitido tu pecado; no
morirás.
14 Mas por cuanto con este
asunto hiciste a blasfemar a los
enemigos de Jehová, el hijo que te
ha nacido ciertamente morirá.
15 Y Natán se volvió a su casa. Y
Jehová hirió al niño que la esposa
de Urías había dado a luz a
David, y enfermó gravemente.
16 Entonces David rogó a Dios
por el niño; y a ayunó David, y
entró y pasó la noche acostado
en tierra.
17 Y se levantaron los ancianos
de su casa y fueron a él para ha-
cerlo levantar de la tierra; pero
él no quiso, ni comió con ellos
pan.
18 Y aconteció que al séptimo
día murió el niño; y los siervos
de David temían hacerle saber
que el niño había muerto, pues
se decían: Cuando el niño aún
vivía, le hablábamos, y no quería
oír nuestra voz; ¿cuánto más se
afligirá si le decimos que el niño
ha muerto?
19 Pero David, viendo a sus
siervos hablar entre sí, entendió
que el niño había muerto; por lo
que dijo David a sus siervos: ¿Ha
muerto el niño? Y ellos respon-
dieron: Ha muerto.
20 Entonces David se levantó de
la tierra, y se lavó, y se ungió, y
cambió sus ropas, y entró en la
casa de Jehová y adoró. Y des-
pués vino a su casa y pidió, y le
pusieron pan, y comió.
21 Y le dijeron sus siervos: ¿Qué
es esto que has hecho? Por el
niño, viviendo aún, ayunabas y
llorabas; y muerto él, te levan-
taste y comiste pan.
22 Y él respondió: Mientras el
niño aún vivía, yo ayunaba y llo-
raba, diciendo: ¿Quién sabe si
Dios tenga a compasión de mí, y
viva el niño?
23 Pero ahora que ya ha muerto,
¿para qué he de ayunar? ¿Podré
yo hacerle volver? Yo voy hacia
él, pero él no volverá a mí.
24 Y consoló David a Betsabé,
su esposa, y llegándose a ella, se
acostó con ella; y ella le dio a luz
un hijo, y llamó su nombre a Salo-
món, al cual amó Jehová,
25 y envió un mensaje por me-
dio del profeta Natán que le pu-
siesen por nombre Jedidías, a
causa de Jehová.
26 Y a Joab peleaba contra Rabá,
de los hijos de Amón, y tomó la
ciudad real.
27 Entonces envió Joab men-
sajeros a David, diciendo: Yo he
peleado contra Rabá y he tomado
la ciudad de las aguas.
28 Reúne, pues, ahora al pue-
blo que queda, y acampa contra
la ciudad y tómala, no sea que
tome yo la ciudad y sea llamada
por mi nombre.
29 Y David reunió a todo el pue-
blo, y fue contra Rabá, y combatió
contra ella y la tomó.
30 Y quitó la corona de la
cabeza de su rey, la cual pe-
saba un talento de oro y tenía
piedras preciosas; y fue puesta
sobre la cabeza de David. Y
éste sacó un gran botín de la
ciudad.
31 Y sacó además a la gente que
estaba en ella, y a todos los puso
a trabajar con sierras, y con trillos
de hierro y con hachas de hierro;
y también los hizo trabajar en los
hornos de ladrillos; y lo mismo
hizo con todas las ciudades de los
hijos de Amón. Y volvió David
con todo el pueblo a Jerusalén.


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SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 11 VERSOS 1 AL 27

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 11 VERSOS 1 AL 27

David se acuesta con Betsabé y ella
concibe — Entonces David hace los
preparativos para que Urías, marido
de ella, muera en batalla.
Y ACONTECIÓ al año siguiente,
en el tiempo en que salen los re-
yes a la guerra, que David envió
a Joab, y a sus siervos con él y a
todo Israel, y destruyeron a los
amonitas y sitiaron a Rabá, pero
David se quedó en Jerusalén.
2 Y acaeció que, levantándose
David de su lecho al caer la tarde,
se paseaba por el terrado de la
casa real, cuando a vio desde el
terrado a una mujer que se es-
taba bañando, la cual era muy
hermosa.
3 Y envió David a preguntar por
aquella mujer, y le dijeron: Aqué-
lla es a Betsabé, hija de Eliam, es-
posa de b Urías, el heteo.
4 Y envió David mensajeros y la
tomó; y vino a él y él a se acostó
con ella. Luego ella se purificó de
su impureza y volvió a su casa.
5 Y concibió la mujer y envió a
hacerlo saber a David, diciendo:
Estoy encinta.
6 Entonces David envió a decir
a Joab: Envíame a Urías, el heteo.
Y Joab envió a Urías a David.
7 Y cuando Urías vino a él, Da-
vid le preguntó por la salud de
Joab, y por la salud del pueblo y
por el estado de la guerra.
8 Después dijo David a Urías:
Desciende a tu casa y lava tus
pies. Y saliendo Urías de casa del
rey, le fue enviado presente de la
mesa real.
9 Pero Urías durmió a la puerta
de la casa del rey con todos los
siervos de su señor, y no descen-
dió a su casa.
10 E hicieron saber esto a David,
diciendo: Urías no ha descendido
a su casa. Y dijo David a Urías:
¿No has venido de camino? ¿Por
qué, pues, no descendiste a tu
casa?
11 Y Urías respondió a Da-
vid: El arca, e Israel y Judá es-
tán bajo a tiendas; y mi señor
Joab y los siervos de mi señor,
a campo abierto; ¿y había yo de
entrar en mi casa para comer
y beber, y dormir con mi mu-
jer? Por vida tuya y por vida
de tu alma, que yo no haré tal
cosa.
12 Y David dijo a Urías: Quédate
aquí aún hoy, y mañana te despe-
diré. Y se quedó Urías en Jerusa-
lén aquel día y el siguiente.
13 Y David lo convidó a comer y
a beber con él hasta embriagarlo.
Y él salió por la tarde a dormir
en su cama con los siervos de
su señor, pero no descendió a
su casa.
14 Y aconteció a la mañana si-
guiente que David escribió una
carta a Joab, la cual envió por
mano de Urías.
15 Y escribió en la carta, di-
ciendo: Poned a Urías al frente,
en lo más recio de la batalla, y
retiraos de él, para que sea a he-
rido y muera.
16 Y sucedió que cuando Joab
sitió la ciudad, puso a Urías en
el lugar donde sabía que estaban
los hombres más valientes.
17 Y los hombres de la ciudad
salieron y pelearon contra Joab,
y cayeron algunos del pueblo
de los siervos de David; y murió
también Urías, el heteo.
18 Entonces envió Joab e hizo
saber a David todos los asuntos
de la guerra.
19 Y mandó al mensajero, di-
ciendo: Cuando acabes de con-
tar al rey todos los asuntos de
la guerra,
20 si el rey comienza a a enojarse
y te dice: ¿Por qué os acercasteis
tanto a la ciudad para combatir?
¿No sabíais lo que suelen arrojar
desde lo alto del muro?
21 ¿Quién hirió a Abimelec hijo
de Jerobaal? ¿No echó una mujer
del muro un pedazo de una rueda
de molino, y murió en Tebes?
¿Por qué os acercasteis tanto al
muro? Entonces tú le dirás: Tam-
bién tu siervo Urías, el heteo, ha
muerto.
22 Y fue el mensajero y, al llegar,
contó a David todo lo que Joab le
había enviado a decir.
23 Y dijo el mensajero a David:
Prevalecieron contra nosotros los
hombres que salieron al campo
contra nosotros, bien que noso-
tros los hicimos retroceder hasta
la entrada de la puerta;
24 pero los flecheros tiraron con-
tra tus siervos desde el muro, y
murieron algunos de los siervos
del rey; y también murió tu siervo
Urías, el heteo.
25 Y David dijo al mensajero:
Dirás así a Joab: No tengas pe-
sar por esto, porque la espada
consume tanto a uno como al
otro; refuerza tu ataque contra
la ciudad, hasta que la rindas. Y
tú aliéntale.
26 Y al oír la esposa de Urías que
su marido, Urías, había muerto,
hizo duelo por su marido.
27 Y pasado el luto, envió Da-
vid y la trajo a su casa; y fue ella
su esposa y le dio a luz un hijo.
Pero esto que David había he-
cho fue a malo ante los ojos de
Jehová.

Fuente:  www.scriptures.lds.org/es
SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 10 VERSOS 1 AL 19
CAPÍTULO 10
Los amonitas maltratan a los men-
sajeros de David — Israel derrota a
los amonitas y a los sirios.
DESPUÉS de esto, aconteció que
murió el rey de los hijos de
a Amón, y reinó su hijo Hanún
en su lugar.
2 Y dijo David: Yo haré miseri-
cordia con Hanún hijo de Nahas,
como su padre la hizo conmigo.
Y envió David sus siervos para
consolarlo por su padre. Y los
siervos de David llegaron a la
tierra de los hijos de Amón,
3 pero los príncipes de los hijos
de Amón dijeron a Hanún, su
señor: ¿Te parece que por honrar
David a tu padre te ha enviado
consoladores? ¿No ha enviado
David sus siervos a ti para reco-
nocer e inspeccionar la ciudad,
para destruirla?
4 Entonces Hanún tomó a los
siervos de David, y les rapó la
mitad de la barba, y les cortó los
vestidos por la mitad, hasta las
nalgas, y los despidió.
5 Cuando le avisaron a David,
envió a encontrarlos, porque ellos
estaban en extremo avergonza-
dos; y el rey les mandó decir:
Quedaos en Jericó hasta que os
vuelva a crecer la barba, y enton-
ces volved.
6 Y viendo los hijos de Amón
que se habían hecho odiosos
a David, enviaron los hijos de
Amón y tomaron a sueldo a los
sirios de Bet-rehob y a los sirios
de Soba, veinte mil hombres de
a pie; y del rey de Maaca, mil
hombres, y de Is-tob, doce mil
hombres.
7 Cuando oyó David esto, envió
a Joab con todo el ejército de los
valientes.
8 Y los hijos de Amón salieron y
se pusieron en orden de batalla a
la entrada de la puerta; pero los
sirios de Soba, y de Rehob, y de
Is-tob y de Maaca estaban aparte
en el campo.
9 Al ver Joab que la batalla se le
presentaba delante y detrás de él,
eligió a algunos de entre los esco-
gidos de Israel y se puso en orden
de batalla contra los sirios.
10 Entregó luego el resto del
ejército en manos de Abisai, su
hermano, y lo puso en orden de
batalla frente a los amonitas.
11 Y dijo: Si los sirios son más
fuertes que yo, tú me ayudarás; y
si los hijos de Amón son más fuer-
tes que tú, yo te daré ayuda.
12 a Esfuérzate, y esforcémonos
por nuestro pueblo y por las ciu-
dades de nuestro Dios; y haga
Jehová lo que bien le parezca.
13 Y se acercó Joab, y el pueblo
que con él estaba, para pelear
contra los sirios, pero ellos hu-
yeron delante de él.
14 Entonces los hijos de Amón,
viendo que los sirios habían
huido, huyeron también delante
de Abisai y entraron en la ciu-
dad. Y se volvió Joab de luchar
contra los hijos de Amón, y vino
a Jerusalén.
15 Y cuando vieron los sirios
que habían caído delante de
Israel, se volvieron a reunir.
16 Y envió Hadar-ezer e hizo
salir a los sirios que estaban al
otro lado del Río, los cuales vi-
nieron a Helam; y Sobac, general
del ejército de Hadar-ezer, iba al
frente de ellos.
17 Y cuando le avisaron a David,
reunió a todo Israel, y pasando
el Jordán, llegó a Helam; y los
sirios se pusieron en orden de
batalla contra David y pelearon
contra él.
18 Pero los sirios huyeron de-
lante de Israel; y David mató de
los sirios a la gente de setecientos
carros y a cuarenta mil hombres
de a caballo, e hirió también a
Sobac, general del ejército, quien
murió allí.
19 Y cuando todos los reyes que
ayudaban a Hadar-ezer vieron
que habían sido derrotados de-
lante de Israel, hicieron la paz
con Israel y le sirvieron; y de allí
en adelante, los sirios temieron
seguir ayudando a los hijos de
Amón.

Fuente:  © 2009 por Intellectual Reserve, Inc.
Todos los derechos reservados
Publicada en los Estados Unidos de América
/2009
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Segundo Libro de Samuel Capitulo 9 Versos 1 al 13


Segundo Libro de Samuel Capitulo 9 Versos 1 al 13
CAPÍTULO 9
David procura honrar a la casa de
Saúl — Encuentra a Mefi-boset hijo
de Jonatán a quien restituye toda la
tierra de Saúl.
Y DIJO David: ¿Ha quedado al-
guno de la casa de Saúl a quien
haga yo misericordia por amor
a a Jonatán?
2 Y había un siervo de la casa de
Saúl que se llamaba a Siba, al cual
llamaron para que viniese a Da-
vid. Y el rey le dijo: ¿Eres tú Siba?
Y él respondió: Tu siervo.
3 Y el rey dijo: ¿No ha quedado
nadie de la casa de Saúl a quien
haga yo misericordia de Dios?
Y Siba respondió al rey: Aún ha
quedado un a hijo de Jonatán, li-
siado de los pies.
4 Entonces el rey le dijo: ¿Y
dónde está? Y Siba respondió al
rey: He aquí, está en casa de Ma-
quir hijo de Amiel, en Lodebar.
5 Y envió el rey David, y le
mandó traer de la casa de Maquir
hijo de Amiel, de Lodebar.
6 Y al llegar Mefi-boset hijo de
Jonatán, hijo de Saúl, ante David,
se postró sobre su rostro e hizo
reverencia. Y David le dijo: Me-
fi-boset. Y él respondió: He aquí
tu siervo.
7 Y le dijo David: No tengas te-
mor, porque yo a la verdad haré
contigo misericordia por amor a
Jonatán, tu padre, y te devolveré
todas las tierras de Saúl, tu pa-
dre; y tú comerás siempre pan a
mi mesa.
8 Y él inclinándose, dijo: ¿Quién
es tu siervo, para que mires a un
perro muerto como yo?
9 Entonces el rey llamó a Siba,
siervo de Saúl, y le dijo: Todo
lo que fue de Saúl y de toda su
casa, yo lo he dado al hijo de tu
señor.
10 Tú, pues, le labrarás las
tierras, tú con tus hijos y tus sier-
vos, y llevarás los frutos, para que
el hijo de tu señor tenga pan que
comer; y Mefi-boset, el hijo de tu
señor, comerá siempre pan a mi
mesa. Y tenía Siba quince hijos y
veinte siervos.
11 Y respondió Siba al rey: Con-
forme a todo lo que ha mandado
mi señor el rey a su siervo, así lo
hará tu siervo. Mefi-boset, dijo el
rey, comerá a mi mesa como uno
de los hijos del rey.
12 Y tenía Mefi-boset un hijo pe-
queño que se llamaba Micaía. Y
toda la familia de la casa de Siba
eran siervos de Mefi-boset.
13 Y moraba Mefi-boset en Je-
rusalén, porque comía siempre a
la mesa del rey; y estaba lisiado
de ambos pies.

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 8 VERSOS 1 AL 18

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 8 VERSOS 1 AL 18

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Después de esto, aconteció que David derrotó a los filisteos 1
y los sometió, y tomó David a Meteg-ama de mano de los filisteos. Derrotó también a los de Moab, y los midió con cordel, 2haciéndolos tender por tierra; y midió dos cordeles para hacerlos morir, y un cordel entero para preservarles la vida; y fueron
los moabitas siervos de David, y pagaron tributo. Asimismo
3derrotó David a Hadad-ezer hijo de Rehob, rey de Soba, al
ir éste a recuperar su territorio al río Éufrates. Y tomó Da-
4vid de ellos mil setecientos hombres de a caballo, y veinte mil
hombres de a pie; y desjarretó David los caballos de todos los
carros, pero dejó suficientes para cien carros. Y vinieron los
5sirios de Damasco para dar ayuda a Hadad-ezer rey de Soba;
y David hirió de los sirios a veintidós mil hombres. Puso lue-
6go David guarnición en Siria de Damasco, y los sirios fueron
hechos siervos de David, sujetos a tributo. Y Jehová dio la
victoria a David por dondequiera que fue. Y tomó David los
7escudos de oro que traían los siervos de Hadad-ezer, y los llevó
 a Jerusalén. Asimismo de Beta y de Berotai, ciudades de 8

8. 9–9. 7 II Samuel 4729 Hadad-ezer, tomó el rey David gran cantidad de bronce.
 Entonces oyendo Toi rey de Hamat, que David había derrotado10 a todo el ejército de Hadad-ezer, envió Toi a Joram su hijo
al rey David, para saludarle pacíficamente y para bendecirle,
porque había peleado con Hadad-ezer y lo había vencido;

 porque Toi era enemigo de Hadad-ezer. Y Joram llevaba en su11 mano utensilios de plata, de oro y de bronce; los cuales el rey
David dedicó a Jehová, con la plata y el oro que había dedi-
12 cado de todas las naciones que había sometido; de los sirios,
de los moabitas, de los amonitas, de los filisteos, de los amalecitas,

 y del botín de Hadad-ezer hijo de Rehob, rey de Soba.13 Así ganó David fama. Cuando regresaba de derrotar a los sirios,
 destrozó a dieciocho mil edomitas en el Valle de la Sal.14 Y puso guarnición en Edom; por todo Edom puso guarnición,
y todos los edomitas fueron siervos de David. Y Jehová dio
15 la victoria a David por dondequiera que fue. Y reinó David
sobre todo Israel; y David administraba justicia y equidad a
16 todo su pueblo. Joab hijo de Sarvia era general de su ejército,17 y Josafat hijo de Ahilud era cronista; Sadoc hijo de Ahitob y
Ahimelec hijo de Abiatar eran sacerdotes; Seraías era escriba;
18 Benaía hijo de Joiada estaba sobre los cereteos y peleteos; y
los hijos de David eran los príncipes.


Fuente:
LASANTA BIBLIAANTIGUO Y NUEVO TESTAMENTO
ANTIGUA VERSIÓN DE
CASIODORO DE REINA (1569)
REVISADA POR CIPRIANO DE
VALERA (1602)
OTRAS REVISIONES: 1862, 1909 Y 1960
Reina-Valera 1960

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 7 VERSOS 1 AL 29

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO  7 VERSOS 1 AL 29

Aconteció que cuando ya el rey habitaba en su casa, des- 7
pués que Jehová le había dado reposo de todos sus enemigos
en derredor, d¼o el rey al profeta Natán: Mira ahora, yo ha- 2
bito en casa de cedro, y el arca de Dios está entre cortinas.
Y Natán d¼o al rey: Anda, y haz todo lo que está en tu co- 3
razón, porque Jehová está contigo. Aconteció aquella noche, 4
que vino palabra de Jehová a Natán, diciendo: Ve y di a mi 5
siervo David: Así ha dicho Jehová: ¿Tú me has de edificar casa
en que yo more? Ciertamente no he habitado en casas desde 6

7. 7–22 II Samuel 470
el día en que saqué a los h¼os de Israel de Egipto hasta hoy,
7 sino que he andado en tienda y en tabernáculo. Y en todo
cuanto he andado con todos los h¼os de Israel, ¿he hablado yo
palabra a alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado
apacentar a mi pueblo de Israel, diciendo: ¿Por qué no me
8 habéis edificado casa de cedro? Ahora, pues, dirás así a mi
siervo David: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé
del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre
9 mi pueblo, sobre Israel; y he estado contigo en todo cuanto
has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos,
y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes
10 que hay en la tierra. Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel
y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más
sea removido, ni los inicuos le afl¼an más, como al principio,
11 desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te
daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo Jehová te hace
12 saber que él te hará casa. Y cuando tus días sean cumplidos,
y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de
tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su rei-
13 no. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre
14 el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mí
h¼o. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres,
15 y con azotes de h¼os de hombres; pero mi misericordia no se
apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante
16 de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante
17 de tu rostro, y tu trono será estable eternamente. Conforme
a todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, así ha-
18 bló Natán a David. Y entró el rey David y se puso delante
de Jehová, y d¼o: Señor Jehová, ¿quién soy yo, y qué es mi
19 casa, para que tú me hayas traído hasta aquí? Y aun te ha
parecido poco esto, Señor Jehová, pues también has hablado
de la casa de tu siervo en lo por venir. ¿Es así como procede
20 el hombre, Señor Jehová? ¿Y qué más puede añadir David
hablando contigo? Pues tú conoces a tu siervo, Señor Jehová.
21 Todas estas grandezas has hecho por tu palabra y conforme
22 a tu corazón, haciéndolas saber a tu siervo. Por tanto, tú te
has engrandecido, Jehová Dios; por cuanto no hay como tú, ni
hay Dios fuera de ti, conforme a todo lo que hemos oído con

471 II Samuel 7. 23–8. 8
nuestros oídos. ¿Y quién como tu pueblo, como Israel, nación 23
singular en la tierra? Porque fue Dios para rescatarlo por pueblo
suyo, y para ponerle nombre, y para hacer grandezas a su
favor, y obras terribles a tu tierra, por amor de tu pueblo que
rescataste para ti de Egipto, de las naciones y de sus dioses.
Porque tú estableciste a tu pueblo Israel por pueblo tuyo para 24
siempre; y tú, oh Jehová, fuiste a ellos por Dios. Ahora pues, 25
Jehová Dios, confirma para siempre la palabra que has hablado
sobre tu siervo y sobre su casa, y haz conforme a lo que has
dicho. Que sea engrandecido tu nombre para siempre, y se 26
diga: Jehová de los ejércitos es Dios sobre Israel; y que la casa
de tu siervo David sea firme delante de ti. Porque tú, Jehová 27
de los ejércitos, Dios de Israel, revelaste al oído de tu siervo,
diciendo: Yo te edificaré casa. Por esto tu siervo ha hallado en
su corazón valor para hacer delante de ti esta súplica. Ahora 28
pues, Jehová Dios, tú eres Dios, y tus palabras son verdad, y
tú has prometido este bien a tu siervo. Ten ahora a bien ben- 29
decir la casa de tu siervo, para que permanezca perpetuamente
delante de ti, porque tú, Jehová Dios, lo has dicho, y con tu
bendición será bendita la casa de tu siervo para siempre.

Fuente:  Bibles.org.uk, London.

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 6 VERSOS 1 AL 23

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 6 VERSOS 1 AL 23

6 David volvió a reunir a todos los escogidos de Israel, trein-
2 ta mil. Y se levantó David y partió de Baala de Judá con
todo el pueblo que tenía consigo, para hacer pasar de allí el
arca de Dios, sobre la cual era invocado el nombre de Jehová
3 de los ejércitos, que mora entre los querubines. Pusieron el
arca de Dios sobre un carro nuevo, y la llevaron de la casa
de Abinadab, que estaba en el collado; y Uza y Ahío, hijos
4 de Abinadab, guiaban el carro nuevo. Y cuando lo llevaban
de la casa de Abinadab, que estaba en el collado, con el arca
5 de Dios, Ahío iba delante del arca. Y David y toda la casa
de Israel danzaban delante de Jehová con toda clase de instrumentos
de madera de haya; con arpas, salterios, panderos,
6 flautas y címbalos. Cuando llegaron a la era de Nacón, Uza
extendió su mano al arca de Dios, y la sostuvo; porque los bue-
7 yes tropezaban. Y el furor de Jehová se encendió contra Uza,
y lo hirió allí Dios por aquella temeridad, y cayó allí muerto
8 junto al arca de Dios. Y se entristeció David por haber herido
Jehová a Uza, y fue llamado aquel lugar Pérez-uza, hasta hoy.
9 Y temiendo David a Jehová aquel día, dijo: ¿Cómo ha de venir
10 a mí el arca de Jehová? De modo que David no quiso traer
para sí el arca de Jehová a la ciudad de David; y la hizo llevar
11 David a casa de Obed-edom geteo. Y estuvo el arca de Jehová
en casa de Obed-edom geteo tres meses; y bendijo Jehová a
12 Obed-edom y a toda su casa. Fue dado aviso al rey David,
diciendo: Jehová ha bendecido la casa de Obed-edom y todo
lo que tiene, a causa del arca de Dios. Entonces David fue, y

469 II Samuel 6. 13–7. 6
llevó con alegría el arca de Dios de casa de Obed-edom a la
ciudad de David. Y cuando los que llevaban el arca de Dios 13
habían andado seis pasos, él sacrificó un buey y un carnero
engordado. Y David danzaba con toda su fuerza delante de 14
Jehová; y estaba David vestido con un efod de lino. Así Da- 15
vid y toda la casa de Israel conducían el arca de Jehová con
júbilo y sonido de trompeta. Cuando el arca de Jehová llegó 16
a la ciudad de David, aconteció que Mical hija de Saúl miró
desde una ventana, y vio al rey David que saltaba y danzaba
delante de Jehová; y le menospreció en su corazón. Metieron, 17
pues, el arca de Jehová, y la pusieron en su lugar en medio
de una tienda que David le había levantado; y sacrificó David
holocaustos y ofrendas de paz delante de Jehová. Y cuando 18
David había acabado de ofrecer los holocaustos y ofrendas de
paz, bendijo al pueblo en el nombre de Jehová de los ejércitos.
Y repartió a todo el pueblo, y a toda la multitud de Israel, así 19
a hombres como a mujeres, a cada uno un pan, y un pedazo de
carne y una torta de pasas. Y se fue todo el pueblo, cada uno a
su casa. Volvió luego David para bendecir su casa; y saliendo 20
Mical a recibir a David, dijo: ¡Cuán honrado ha quedado hoy
el rey de Israel, descubriéndose hoy delante de las criadas de
sus siervos, como se descubre sin decoro un cualquiera! En- 21
tonces David respondió a Mical: Fue delante de Jehová, quien
me eligió en preferencia a tu padre y a toda tu casa, para constituirme
por príncipe sobre el pueblo de Jehová, sobre Israel.
Por tanto, danzaré delante de Jehová. Y aun me haré más vil 22
que esta vez, y seré bajo a tus ojos; pero seré honrado delante
de las criadas de quienes has hablado. Y Mical hija de Saúl 23
nunca tuvo hijos hasta el día de su muerte.


Fuente:  Bibles.org.uk, London.

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 5 VERSOS 1 AL 25

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 5 VERSOS 1 AL 25

5 Vinieron todas las tribus de Israel a David en Hebrón y hablaron,
diciendo: Henos aquí, hueso tuyo y carne tuya somos.

467 II Samuel 5. 2–20
Y aun antes de ahora, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, 2
eras tú quien sacabas a Israel a la guerra, y lo volvías a traer.
Además Jehová te ha dicho: Tú apacentarás a mi pueblo Israel,
y tú serás príncipe sobre Israel. Vinieron, pues, todos los 3
ancianos de Israel al rey en Hebrón, y el rey David hizo pacto
con ellos en Hebrón delante de Jehová; y ungieron a David por
rey sobre Israel. Era David de treinta años cuando comenzó 4
a reinar, y reinó cuarenta años. En Hebrón reinó sobre Judá 5
siete años y seis meses, y en Jerusalén reinó treinta y tres años
sobre todo Israel y Judá. Entonces marchó el rey con sus hom- 6
bres a Jerusalén contra los jebuseos que moraban en aquella
tierra; los cuales hablaron a David, diciendo: Tú no entrarás
acá, pues aun los ciegos y los cojos te echarán (queriendo decir:
David no puede entrar acá). Pero David tomó la fortaleza de 7
Sion, la cual es la ciudad de David. Y dijo David aquel día: 8
Todo el que hiera a los jebuseos, suba por el canal y hiera a
los cojos y ciegos aborrecidos del alma de David. Por esto se
dijo: Ciego ni cojo no entrará en la casa. Y David moró en la 9
fortaleza, y le puso por nombre la Ciudad de David; y edificó
alrededor desde Milo hacia adentro. Y David iba adelantando 10
y engrandeciéndose, y Jehová Dios de los ejércitos estaba con
él. También Hiram rey de Tiro envió embajadores a David, 11
y madera de cedro, y carpinteros, y canteros para los muros,
los cuales edificaron la casa de David. Y entendió David que 12
Jehová le había confirmado por rey sobre Israel, y que había
engrandecido su reino por amor de su pueblo Israel. Y tomó 13
David más concubinas y mujeres de Jerusalén, después que
vino de Hebrón, y le nacieron más hijos e hijas. Éstos son los 14
nombres de los que le nacieron en Jerusalén: Samúa, Sobab,
Natán, Salomón, Ibhar, Elisúa, Nefeg, Jafía, Elisama, Eliada 15, 16
y Elifelet. Oyendo los filisteos que David había sido ungido 17
por rey sobre Israel, subieron todos los filisteos para buscar
a David; y cuando David lo oyó, descendió a la fortaleza. Y 18
vinieron los filisteos, y se extendieron por el valle de Refaim.
Entonces consultó David a Jehová, diciendo: ¿Iré contra los 19
filisteos? ¿Los entregarás en mi mano? Y Jehová respondió a
David: Ve, porque ciertamente entregaré a los filisteos en tu
mano. Y vino David a Baal-perazim, y allí los venció David, 20

5. 21–6. 12 II Samuel 468
y d¼o: Quebrantó Jehová a mis enemigos delante de mí, como
corriente impetuosa. Por esto llamó el nombre de aquel
21 lugar Baal-perazim. Y dejaron allí sus ídolos, y David y sus
22 hombres los quemaron. Y los filisteos volvieron a venir, y se
23 extendieron en el valle de Refaim. Y consultando David a
Jehová, él le respondió: No subas, sino rodéalos, y vendrás a
24 ellos enfrente de las balsameras. Y cuando oigas ruido como
de marcha por las copas de las balsameras, entonces te moverás;
porque Jehová saldrá delante de ti a herir el campamento
25 de los filisteos. Y David lo hizo así, como Jehová se lo había
mandado; e hirió a los filisteos desde Geba hasta llegar a
Gezer.

Fuente: Bibles.org.uk, London.

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 4 VERSOS 1 AL 12

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 4 VERSOS 1 AL 12

4. 1–5. 1 II Samuel 466
4 Luego que oyó el hijo de Saúl que Abner había sido muerto
en Hebrón, las manos se le debilitaron, y fue atemorizado to-
2 do Israel. Y el hijo de Saúl tenía dos hombres, capitanes de
bandas de merodeadores; el nombre de uno era Baana, y el del
otro, Recab, hijos de Rimón beerotita, de los hijos de Benja-
3 mín (porque Beerot era también contado con Benjamín, pues
los beerotitas habían huido a Gitaim, y moran allí como foras-
4 teros hasta hoy). Y Jonatán hijo de Saúl tenía un hijo lisiado
de los pies. Tenía cinco años de edad cuando llegó de Jezreel
la noticia de la muerte de Saúl y de Jonatán, y su nodriza
le tomó y huyó; y mientras iba huyendo apresuradamente, se
5 le cayó el niño y quedó cojo. Su nombre era Mefi-boset. Los
hijos, pues, de Rimón beerotita, Recab y Baana, fueron y entraron
en el mayor calor del día en casa de Is-boset, el cual
6 estaba durmiendo la siesta en su cámara. Y he aquí la portera
de la casa había estado limpiando trigo, pero se durmió;
y fue así como Recab y Baana su hermano se introdujeron en
7 la casa. Cuando entraron en la casa, Is-boset dormía sobre su
lecho en su cámara; y lo hirieron y lo mataron, y le cortaron
la cabeza, y habiéndola tomado, caminaron toda la noche por
8 el camino del Arabá. Y trajeron la cabeza de Is-boset a David
en Hebrón, y dijeron al rey: He aquí la cabeza de Is-boset
hijo de Saúl tu enemigo, que procuraba matarte; y Jehová ha
9 vengado hoy a mi señor el rey, de Saúl y de su linaje. Y David
respondió a Recab y a su hermano Baana, hijos de Rimón
beerotita, y les dijo: Vive Jehová que ha redimido mi alma de
10 toda angustia, que cuando uno me dio nuevas, diciendo: He
aquí Saúl ha muerto, imaginándose que traía buenas nuevas,
11 yo lo prendí, y le maté en Siclag en pago de la nueva. ¿Cuánto
más a los malos hombres que mataron a un hombre justo en su
casa, y sobre su cama? Ahora, pues, ¿no he de demandar yo su
12 sangre de vuestras manos, y quitaros de la tierra? Entonces
David ordenó a sus servidores, y ellos los mataron, y les cortaron
las manos y los pies, y los colgaron sobre el estanque en
Hebrón. Luego tomaron la cabeza de Is-boset, y la enterraron
en el sepulcro de Abner en Hebrón.

Fuente:  Bibles.org.uk, London.

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 3 VERSOS 1 AL 39

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 3 VERSOS 1 AL 39

Hubo larga guerra entre la casa de Saúl y la casa de David; 3
pero David se iba fortaleciendo, y la casa de Saúl se iba debilitando.
Y nacieron hijos a David en Hebrón; su primogénito 2
fue Amnón, de Ahinoam jezreelita; su segundo Quileab, de 3
Abigail la mujer de Nabal el de Carmel; el tercero, Absalón
h¼o de Maaca, hija de Talmai rey de Gesur; el cuarto, Ado- 4
nías hijo de Haguit; el quinto, Sefatías h¼o de Abital; el sexto, 5
Itream, de Egla mujer de David. Éstos le nacieron a David en
Hebrón. Como había guerra entre la casa de Saúl y la de Da- 6
vid, aconteció que Abner se esforzaba por la casa de Saúl. Y 7
había tenido Saúl una concubina que se llamaba Rizpa, h¼a
de Aja; y dijo Is-boset a Abner: ¿Por qué te has llegado a la
concubina de mi padre? Y se enojó Abner en gran manera 8
por las palabras de Is-boset, y dijo: ¿Soy yo cabeza de perro
que pertenezca a Judá? Yo he hecho hoy misericordia con la

3. 9–24 II Samuel 464
casa de Saúl tu padre, con sus hermanos y con sus amigos,
y no te he entregado en mano de David; ¿y tú me haces hoy
9 cargo del pecado de esta mujer? Así haga Dios a Abner y aun
le añada, si como ha jurado Jehová a David, no haga yo así
10 con él, trasladando el reino de la casa de Saúl, y confirmando
el trono de David sobre Israel y sobre Judá, desde Dan hasta
11 Beerseba. Y él no pudo responder palabra a Abner, porque le
12 temía. Entonces envió Abner mensajeros a David de su parte,
diciendo: ¿De quién es la tierra? Y que le dijesen: Haz pacto
conmigo, y he aquí que mi mano estará contigo para volver a
13 ti todo Israel. Y David dijo: Bien; haré pacto contigo, mas
una cosa te pido: No me vengas a ver sin que primero traigas
14 a Mical la hija de Saúl, cuando vengas a verme. Después de
esto envió David mensajeros a Is-boset hijo de Saúl, diciendo:
Restitúyeme mi mujer Mical, la cual desposé conmigo por cien
15 prepucios de filisteos. Entonces Is-boset envió y se la quitó a
16 su marido Paltiel hijo de Lais. Y su marido fue con ella, siguiéndola
y llorando hasta Bahurim. Y le dijo Abner: Anda,
17 vuélvete. Entonces él se volvió. Y habló Abner con los ancianos
de Israel, diciendo: Hace ya tiempo procurabais que David
18 fuese rey sobre vosotros. Ahora, pues, hacedlo; porque Jehová
ha hablado a David, diciendo: Por la mano de mi siervo
David libraré a mi pueblo Israel de mano de los filisteos, y
19 de mano de todos sus enemigos. Habló también Abner a los
de Benjamín; y fue también Abner a Hebrón a decir a David
todo lo que parecía bien a los de Israel y a toda la casa de
20 Benjamín. Vino, pues, Abner a David en Hebrón, y con él
veinte hombres; y David hizo banquete a Abner y a los que
21 con él habían venido. Y dijo Abner a David: Yo me levantaré
e iré, y juntaré a mi señor el rey a todo Israel, para que hagan
contigo pacto, y tú reines como lo desea tu corazón. David
22 despidió luego a Abner, y él se fue en paz. Y he aquí que los
siervos de David y Joab venían del campo, y traían consigo
gran botín. Mas Abner no estaba con David en Hebrón, pues
23 ya lo había despedido, y él se había ido en paz. Y luego que
llegó Joab y todo el ejército que con él estaba, fue dado aviso
a Joab, diciendo: Abner hijo de Ner ha venido al rey, y él le
24 ha despedido, y se fue en paz. Entonces Joab vino al rey, y le

465 II Samuel 3. 25–39
dijo: ¿Qué has hecho? He aquí Abner vino a ti; ¿por qué, pues,
le dejaste que se fuese? Tú conoces a Abner hijo de Ner. No 25
ha venido sino para engañarte, y para enterarse de tu salida y
de tu entrada, y para saber todo lo que tú haces. Y saliendo 26
Joab de la presencia de David, envió mensajeros tras Abner,
los cuales le hicieron volver desde el pozo de Sira, sin que David
lo supiera. Y cuando Abner volvió a Hebrón, Joab lo llevó 27
aparte en medio de la puerta para hablar con él en secreto; y
allí, en venganza de la muerte de Asael su hermano, le hirió
por la quinta costilla, y murió. Cuando David supo después 28
esto, dijo: Inocente soy yo y mi reino, delante de Jehová, para
siempre, de la sangre de Abner hijo de Ner. Caiga sobre la 29
cabeza de Joab, y sobre toda la casa de su padre; que nunca
falte de la casa de Joab quien padezca flujo, ni leproso, ni quien
ande con báculo, ni quien muera a espada, ni quien tenga falta
de pan. Joab, pues, y Abisai su hermano, mataron a Abner, 30
porque él había dado muerte a Asael hermano de ellos en la
batalla de Gabaón. Entonces dijo David a Joab, y a todo el 31
pueblo que con él estaba: Rasgad vuestros vestidos, y ceñíos
de cilicio, y haced duelo delante de Abner. Y el rey David iba
detrás del féretro. Y sepultaron a Abner en Hebrón; y alzando 32
el rey su voz, lloró junto al sepulcro de Abner; y lloró también
todo el pueblo. Y endechando el rey al mismo Abner, decía: 33
¿Había de morir Abner como muere un villano? Tus manos no 34
estaban atadas, ni tus pies ligados con grillos; Caíste como los
que caen delante de malos hombres. Y todo el pueblo volvió a
llorar sobre él. Entonces todo el pueblo vino para persuadir a 35
David que comiera, antes que acabara el día. Mas David juró
diciendo: Así me haga Dios y aun me añada, si antes que se
ponga el sol gustare yo pan, o cualquiera otra cosa. Todo el 36
pueblo supo esto, y le agradó; pues todo lo que el rey hacía
agradaba a todo el pueblo. Y todo el pueblo y todo Israel 37
entendió aquel día, que no había procedido del rey el matar
a Abner hijo de Ner. También d¼o el rey a sus siervos: ¿No 38
sabéis que un príncipe y grande ha caído hoy en Israel? Y yo 39
soy débil hoy, aunque ungido rey; y estos hombres, los hijos de
Sarvia, son muy duros para mí; Jehová dé el pago al que mal
hace, conforme a su maldad.

Fuente:  Bibles.org.uk, London.

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 2 VERSOS 1 AL 32

SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL CAPITULO 2 VERSOS 1 AL 32

Después de esto aconteció que David consultó a Jehová, di- 2
ciendo: ¿Subiré a alguna de las ciudades de Judá? Y Jehová le
respondió: Sube. David volvió a decir: ¿A dónde subiré? Y él
le dijo: A Hebrón. David subió allá, y con él sus dos mujeres, 2
Ahinoam jezreelita y Abigail, la que fue mujer de Nabal el de
Carmel. Llevó también David consigo a los hombres que con 3
él habían estado, cada uno con su familia; los cuales moraron
en las ciudades de Hebrón. Y vinieron los varones de Judá y 4
ungieron allí a David por rey sobre la casa de Judá. Y dieron
aviso a David, diciendo: Los de Jabes de Galaad son los que
sepultaron a Saúl. Entonces envió David mensajeros a los de 5
Jabes de Galaad, diciéndoles: Benditos seáis vosotros de Jehová,
que habéis hecho esta misericordia con vuestro señor, con
Saúl, dándole sepultura. Ahora, pues, Jehová haga con voso- 6

2. 7–23 II Samuel 462
tros misericordia y verdad; y yo también os haré bien por esto
7 que habéis hecho. Esfuércense, pues, ahora vuestras manos,
y sed valientes; pues muerto Saúl vuestro señor, los de la casa
8 de Judá me han ungido por rey sobre ellos. Pero Abner hijo
de Ner, general del ejército de Saúl, tomó a Is-boset hijo de
9 Saúl, y lo llevó a Mahanaim, y lo hizo rey sobre Galaad, sobre
Gesuri, sobre Jezreel, sobre Efraín, sobre Benjamín y sobre to-
10 do Israel. De cuarenta años era Is-boset hijo de Saúl cuando
comenzó a reinar sobre Israel, y reinó dos años. Solamente los
11 de la casa de Judá siguieron a David. Y fue el número de los
días que David reinó en Hebrón sobre la casa de Judá, siete
12 años y seis meses. Abner hijo de Ner salió de Mahanaim a
13 Gabaón con los siervos de Is-boset hijo de Saúl, y Joab hijo
de Sarvia y los siervos de David salieron y los encontraron
junto al estanque de Gabaón; y se pararon los unos a un lado
14 del estanque, y los otros al otro lado. Y dijo Abner a Joab:
Levántense ahora los jóvenes, y maniobren delante de noso-
15 tros. Y Joab respondió: Levántense. Entonces se levantaron,
y pasaron en número igual, doce de Benjamín por parte de Is-
16 boset hijo de Saúl, y doce de los siervos de David. Y cada uno
echó mano de la cabeza de su adversario, y metió su espada
en el costado de su adversario, y cayeron a una; por lo que fue
llamado aquel lugar, Helcat-hazurim, el cual está en Gabaón.
17 La batalla fue muy reñida aquel día, y Abner y los hombres
18 de Israel fueron vencidos por los siervos de David. Estaban
allí los tres h¼os de Sarvia: Joab, Abisai y Asael. Este Asael
19 era ligero de pies como una gacela del campo. Y siguió Asael
20 tras de Abner, sin apartarse ni a derecha ni a izquierda. Y
miró atrás Abner, y dijo: ¿No eres tú Asael? Y él respondió:
21 Sí. Entonces Abner le dijo: Apártate a la derecha o a la izquierda,
y echa mano de alguno de los hombres, y toma para
ti sus despojos. Pero Asael no quiso apartarse de en pos de
22 él. Y Abner volvió a decir a Asael: Apártate de en pos de mí;
¿por qué he de herirte hasta derribarte? ¿Cómo levantaría yo
23 entonces mi rostro delante de Joab tu hermano? Y no queriendo
él irse, lo hirió Abner con el regatón de la lanza por la
quinta costilla, y le salió la lanza por la espalda, y cayó allí, y
murió en aquel mismo sitio. Y todos los que venían por aquel

463 II Samuel 2. 24–3. 8
lugar donde Asael había caído y estaba muerto, se detenían.
Mas Joab y Abisai siguieron a Abner; y se puso el sol cuando 24
llegaron al collado de Amma, que está delante de Gía, junto
al camino del desierto de Gabaón. Y se juntaron los hijos de 25
Benjamín en pos de Abner, formando un solo ejército; e hicieron
alto en la cumbre del collado. Y Abner dio voces a Joab, 26
diciendo: ¿Consumirá la espada perpetuamente? ¿No sabes tú
que el final será amargura? ¿Hasta cuándo no dirás al pueblo
que se vuelva de perseguir a sus hermanos? Y Joab respondió: 27
Vive Dios, que si no hubieses hablado, el pueblo hubiera dejado
de seguir a sus hermanos desde esta mañana. Entonces 28
Joab tocó el cuerno, y todo el pueblo se detuvo, y no persiguió
más a los de Israel, ni peleó más. Y Abner y los suyos cami- 29
naron por el Arabá toda aquella noche, y pasando el Jordán
cruzaron por todo Bitrón y llegaron a Mahanaim. Joab tam- 30
bién volvió de perseguir a Abner, y juntando a todo el pueblo,
faltaron de los siervos de David diecinueve hombres y Asael.
Mas los siervos de David hirieron de los de Benjamín y de los 31
de Abner, a trescientos sesenta hombres, los cuales murieron.
Tomaron luego a Asael, y lo sepultaron en el sepulcro de su 32
padre en Belén. Y caminaron toda aquella noche Joab y sus
hombres, y les amaneció en Hebrón.


Fuente:  Bibles.org.uk, London.

Segundo libro de Samuel - Capitulo 1 versos 1 al 27

Segundo libro de Samuel
Capitulo 1 versos 1 al 27

1Aconteció después de la muerte de Saúl, que vuelto
David de la derrota de los amalecitas, estuvo dos
2 días en Siclag. Al tercer día, sucedió que vino uno
del campamento de Saúl, rotos sus vestidos, y tierra
sobre su cabeza; y llegando a David, se postró en tierra e hi3
zo reverencia. Y le preguntó David: ¿De dónde vienes? Y él
4 respondió: Me he escapado del campamento de Israel. David
le dijo: ¿Qué ha acontecido? Te ruego que me lo digas. Y él
respondió: El pueblo huyó de la batalla, y también muchos
del pueblo cayeron y son muertos; también Saúl y Jonatán
5 su hijo murieron. Dijo David a aquel joven que le daba las
nuevas: ¿Cómo sabes que han muerto Saúl y Jonatán su hijo?
6 El joven que le daba las nuevas respondió: Casualmente vine
al monte de Gilboa, y hallé a Saúl que se apoyaba sobre su
7 lanza, y venían tras él carros y gente de a caballo. Y mirando
8 él hacia atrás, me vio y me llamó; y yo dije: Heme aquí. Y
me preguntó: ¿Quién eres tú? Y yo le respondí: Soy amalecita.
9 Él me volvió a decir: Te ruego que te pongas sobre mí y me
mates, porque se ha apoderado de mí la angustia; pues mi vida
10 está aún toda en mí. Yo entonces me puse sobre él y le maté,
porque sabía que no podía vivir después de su caída; y tomé
la corona que tenía en su cabeza, y la argolla que traía en su
11 brazo, y las he traído acá a mi señor. Entonces David, asiendo
de sus vestidos, los rasgó; y lo mismo hicieron los hombres que
12 estaban con él. Y lloraron y lamentaron y ayunaron hasta la
noche, por Saúl y por Jonatán su hijo, por el pueblo de Jehová
y por la casa de Israel, porque habían caído a filo de espada.
13 Y David dijo a aquel joven que le había traído las nuevas: ¿De
dónde eres tú? Y él respondió: Yo soy hijo de un extranjero,
14 amalecita. Y le dijo David: ¿Cómo no tuviste temor de exten15
der tu mano para matar al ungido de Jehová? Entonces llamó
David a uno de sus hombres, y le dijo: Ve y mátalo. Y él lo

461 II Samuel 1. 16–2. 6
hirió, y murió. Y David le dijo: Tu sangre sea sobre tu cabeza, 16
pues tu misma boca atestiguó contra ti, diciendo: Yo maté al
ungido de Jehová. Y endechó David a Saúl y a Jonatán su 17
hijo con esta endecha, y dijo que debía enseñarse a los hijos 18
de Judá. He aquí que está escrito en el libro de Jaser. ¡Ha 19
perecido la gloria de Israel sobre tus alturas! ¡Cómo han caído
los valientes! No lo anunciéis en Gat, Ni deis las nuevas en las 20
plazas de Ascalón; Para que no se alegren las hijas de los filisteos,
Para que no salten de gozo las hijas de los incircuncisos.
Montes de Gilboa, Ni rocío ni lluvia caiga sobre vosotros, ni 21
seáis tierras de ofrendas; Porque allí fue desechado el escudo
de los valientes, El escudo de Saúl, como si no hubiera sido
ungido con aceite. Sin sangre de los muertos, sin grosura de 22
los valientes, El arco de Jonatán no volvía atrás, Ni la espada
de Saúl volvió vacía. Saúl y Jonatán, amados y queridos; 23
Inseparables en su vida, tampoco en su muerte fueron separados;
Más ligeros eran que águilas, Más fuertes que leones.
H¼as de Israel, llorad por Saúl, Quien os vestía de escarlata 24
con deleites, Quien adornaba vuestras ropas con ornamentos
de oro. ¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla! 25
¡Jonatán, muerto en tus alturas! Angustia tengo por ti, her- 26
mano mío Jonatán, Que me fuiste muy dulce. Más maravilloso
me fue tu amor Que el amor de las mujeres. ¡Cómo han caído 27
los valientes, Han perecido las armas de guerra!

Fuente: Bibles.org.uk, London.

PRIMER LIBRO DE LOS REYES CAPITULO 4 VERSOS 1 AL 34

 PRIMER LIBRO DE LOS REYES CAPITULO 4 VERSOS 1 AL 34 Se enumeran los oficiales de la corte de Salomón — Salomón gobierna en paz y en prosper...